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Novedades del universo bioalimentario

Las Novedades del Universo Bioalimentario

¿Cómo impulsar efectivamente la modernización del agro chileno?

Aug 4
8 min read
Modernización del agro chileno con riego tecnificado
Actualmente, el país solo riega 900,000 hectáreas (en comparación con las 1.3 millones de hectáreas que se regaban hace 20 años), y de esa cantidad, solo 500,000 hectáreas cuentan con riego tecnificado. Foto: Generada por ChatGPT IA.

Para el presidente de la Sociedad Nacional de Agricultura, Antonio Walker, el sector debe incorporar más tecnología digital, biociencia y robótica, actualizar los paradigmas culturales y desarrollar nuevas estrategias de producción que se adapten a las externalidades negativas, como el cambio climático, sumando al ecosistema emprendedor y a los jóvenes talentos, si aspira a recuperar la competitividad internacional en el corto plazo.


Chile ha sido definido, en innumerables ocasiones, como un gran laboratorio natural de alimentos para el futuro, gracias a la riqueza de su territorio y a la disponibilidad de recursos y materias primas que le permiten impulsar una auténtica revolución agroalimentaria biotecnológica y sostenible.

 

Esto se traduce en la inmejorable oportunidad de impulsar más y mejores iniciativas I+D que permitan recuperar el impulso perdido en los últimos años y alcanzar estándares mayores estándares de calidad.

 

Sin embargo, para que ello sea posible previamente es indispensable contar con herramientas y estrategias que permitan afrontar de manera exitosa el complejo y desafiante escenario actual, donde coexisten externalidades negativas de alto impacto, de carácter económico, político, ambiental y sociopolítico que, de uno u otro modo, han ralentizado el crecimiento del sector, restándole competitividad y eficiencia productiva.

 

Así lo expuso el presidente de la Sociedad Nacional de Agricultura SNA, Antonio Walker, durante su participación en el seminario BioAgro Conecta, encuentro organizado por CER y EMBIO con el apoyo de CORFO, a través del programa  Viraliza, con el objetivo de conectar a productores con tecnologías, startups e inversionistas para impulsar la modernización del agro chileno y la innovación, transformando los desafíos de la industria en mejores oportunidades de negocio, y visibilizando las soluciones biotecnológicas y tecnológicas que están transformando el campo hoy.

 

Durante su intervención, Walker recordó que Chile hoy subutiliza su riqueza de suelos, pues aun cuando dispone de 75 millones en hectáreas con potencial de cultivo, solo 31 millones de esas hectáreas se emplean en el sector silvoagropecuario.


“De ese grupo, 15 millones de hectáreas corresponden a bosque nativo; 8 millones a praderas naturales; 4 millones a formaciones xerófilas (plantas adaptadas a la escasez de agua); 2,3 millones a plantaciones forestales; y solo 1,8 millones son cultivos anuales y permanentes, que equivalen apenas el 2,4% de la superficie de Chile”, puntualizó el directivo.


“Es decir -agregó-, Chile solo hace agricultura en el 2,4% de sus suelos, mientras que en la Comunidad Europea, por ejemplo, el promedio es de 33% de la superficie cultivada”.


La reflexión del presidente de la SNA resulta aún más decidora e inquietante, si se comparan estas cifras con el extraordinario y meritorio de Países Bajos, uno de los países más pequeños de Europa y que hoy dispone de una superficie agrícola cercana a 2,4 millones de hectáreas. Es decir, tiene más hectárea sembradas o plantadas que Chile, pese a que su territorio total es unas 18 veces menor al de nuestro país (y con una proporción notable de terrenos que han sido ganados al mar).

 

Esto permite que la agricultura neerlandesa tenga una enorme intensidad productiva que se traduce en más de USD 130.000 millones anuales en exportaciones, monto que posiciona a dicho país como el segundo exportador mundial de alimentos (y que es superior a todo el conjunto colocaciones internacionales de Chile, incluyendo productos silvoagropecuarios, minería, pesca y servicios).

 

Dichas cifra demuestras la importancia estratégica de aumentar la productividad y la eficiencia del uso del suelo, en términos de abrir nuevas oportunidades de negocios. Objetivo que para el presidente de la SNA solo puede lograrse si el sector avanza con pasos realmente decididos a una mayor tecnificación, tal como en su momento lo hicieron otros países como Nueva Zelanda, Australia, Países Bajos e, incluso, Perú, cuyo sector agroindustrial crece hoy a pasos agigantados gracias al impulso de la tecnología, la biociencia y la revolución digital.

 

Sin embargo, para que Chile también alcance esta meta, necesita “cambiar el chip”, derribar silos y transformar por completo los paradigmas técnicos, económicos y culturales que hoy le restan eficiencia y competitividad al sector, ralentizando su capacidad para adaptarse a un nuevo contexto de incertidumbre, restricciones y cambios constantes, que además está cada vez más influenciado por las tendencias de un mercado que quiere más alimentos de calidad, pero que también exige que esos alimentos sean más saludables, inocuos y amigables con el medioambiente.


Antonio Walker expone durante BioAgro Conecta 2026
Durante su exposición en BioAgro Conecta 2026, Antonio Walker recalcó la necesidad de contar con herramientas tecnológicas que permitan al sector tomar mejores decisiones desde el punto de vista productivo y ambiental.

OPTIMIZAR LOS RECURSOS HÍDRICOS

 

Precisamente una de las brechas más complejas que hoy enfrenta el sector agroalimentario nacional es la reducción sostenida de los recursos hídricos.

 

De acuerdo con el presidente de la SNA, este contexto se refleja en externalidades como, por ejemplo:

 

Limitación de la superficie agrícola y reducción del riego.

La expansión de la superficie agrícola en Chile está fuertemente limitada por la disponibilidad de agua. Actualmente, el país solo riega 900,000 hectáreas (en comparación con las 1.3 millones de hectáreas que se regaban hace 20 años), y de esa cantidad, solo 500,000 hectáreas cuentan con riego tecnificado.

 

Incapacidad de recircular los recursos hídricos

En Chile, 80% del agua se vierte al mar, por lo que es urgente aprovechar al menos un 20% de ese recurso que se pierde. Esto permitiría, tal como asegura el presidente de la SNA, duplicar la superficie agrícola del país.

 

Crisis hídrica estructural y cambio climático

El sector agrícola se enfrenta a una crisis hídrica estructural y a sequías muy prolongadas agravadas por el cambio climático. Como ejemplo, entre los años 2010 y 2026, Chile experimentó el ciclo más seco de los últimos 100 años, registrando hasta 90% menos de reserva de nieve antes de un reciente río atmosférico.

 

Falta de inversión en infraestructura de riego:

Chile ha dejado de construir grandes obras de riego, quedando rezagado frente a competidores como Perú.


Para revertir este último riesgo, Antonio Walker enfatiza que el país hoy requiere una inversión hídrica muy importante que aborde los siguientes puntos:

 

  • Retomar la construcción de 26 embalses que se encuentran en carpeta.

  • Reimpulsar la construcción de plantas desaladoras.

  • Implementar la infiltración de agua hídrica y el reúso de aguas servidas.

 

Medidas que, sumadas a la ampliación de la disponibilidad de más y mejores sistemas de riego tecnificado en el campo permitirían no solo enfrentar el actual escenario de contingencia hídrica, sino también extender la capacidad del sector para producir más y mejores alimentos para un mercado que ya supera los ocho mil millones de habitantes y que precisamente requiere satisfacer dicha demanda.

 

TECNOLOGIZACIÓN INTENSIVA

 

Otro punto central dentro de la exposición de Antonio Walker, fue la necesidad de impulsar un salto exponencial dentro del paradigma productivo agroalimentario nacional, con el objetivo de disponer de herramientas que permitan, precisamente, tomar mejores decisiones desde el punto de vista comercial y ambiental.

 

En tal sentido, el presidente de la SNA considera que la ciencia y la tecnología son indispensables para lograr una agricultura mucho más eficiente y productiva en un mercado global altamente competitivo.

 

“De hecho, el crecimiento futuro del sector depende del aumento de la productividad, objetivo donde la tecnología y la innovación tienen un rol protagónico”, enfatiza.

 

Walker precisa, asimismo, que herramientas como la agricultura de precisión, el riego inteligente, la mecanización, la robotización y el uso de drones (que se masificaron sustancialmente en Países Bajos en la última década), permiten mejorar la eficiencia en el uso de recursos limitados y escasos, así como reducir los costos de producción y elevar la calidad de los productos.

 

“La incorporación de estas tecnologías avanzadas también ayuda a que la agricultura sea mucho más resiliente frente a los efectos del cambio climático, como las sequías y los fenómenos extremos que hemos vivido en el último tiempo”, agrega el directivo.

 

Otra herramienta que el presidente de la SNA destacó especialmente durante su exposición en BioAgro Conecta, es el uso de la Biotecnología y el mejoramiento genético, “pues el desarrollo biotecnológico permite la introducción de nuevas variedades de cultivos que son resistentes a las sequías, plagas y enfermedades, evitando la pérdida de productividad frente a competidores internacionales”.

 

En este punto citó como ejemplo el mejoramiento genético de la uva de mesa (especialmente la que se cultiva en la región de Maule), fruto que hoy tiene cerca de 71% de nuevas variedades desarrolladas genéticamente.

 

“Pese a este y otros éxitos puntuales, todavía estamos atrás en esta materia respecto de otros países que avanzaron con más anticipación en el mejoramiento genético de sus cultivos, y que hoy cuentan con nuevas especies capaces de resistir sequías, plagas y enfermedades, factores que hoy más que nunca hacen que baje la productividad, y para los cuales no estamos ciento por ciento preparados”, detalló Walker, quien también recordó que la adopción de herramientas como inteligencia artificial, big data, digitalización y trazabilidad mediante cadenas de bloques (blockchain), es clave para que los productores puedan competir de mejor manera en todo el mundo.

 

“Son avances fundamentales para enfrentar a potencias agrícolas de importancia creciente como Australia, Sudáfrica, Nueva Zelanda y Perú, que precisamente ha crecido en los últimos años gracias a sus inversiones tecnológicas y de infraestructura”, agregó el dirigente gremial.


Todo este conjunto de mejoras, avances y desarrollos tecnológicos ofrecerían al sector agroalimentario nacional la posibilidad concreta de tomar decisiones basadas en el análisis de datos duros, “los cuales son indispensables para tomar acciones estratégicas eficientes y precisas en el campo”, puntualizó Walker.


MEJORAR LA ADAPTABILIDAD

 

Claro que los aportes de la tecnología no solo son valiosos para impulsar una auténtica cultura de mejora continua sectorial. También pueden ayudar a que el agro chileno sea más eficiente para adaptarse de manera ágil y directa a cualquier escenario de estrés hídrico o climático en general.

 

Para Antonio Walker, este paso evolutivo también es imprescindible, pues el cambio climático impacta cada vez con mayor dureza la capacidad productiva del sector agrícola chileno, debido a las prolongadas sequías a la concentración de las lluvias en períodos relativamente breves y a la mayor ocurrencia de otros fenómenos extremos como heladas y olas de calor, entre otros.

 

“Esto se traduce directamente en una mayor dificultad para producir alimentos, por lo que si la actividad agrícola no logra adaptarse al cambio climático, con eficiencia tecnológica y operativa, la producción de alimentos se verá gravemente dificultada”, agrega el presidente de la SNA.

 

Los efectos de esta contingencia ya pueden advertirse hoy en día, pues la falta de cultivos resistentes a las sequías, plagas y nuevas enfermedades que surgen debido a la falta o exceso de agua, ya han provocado que Chile quede rezagado en cultivos tradicionales, disminuyendo su superficie de siembra de 800.000 a solo 470.000 hectáreas, lo cual impacta tanto en el flujo exportador como en el consumo interno, “tal como se vio con cultivos emblemáticos como el arándano o la remolacha”, recordó Walker.

 

“Esto obliga al sector -añade- a acelerar la incorporación de tecnologías (como la agricultura de precisión y el riego inteligente) para mitigar los efectos del cambio climático y mejorar la resiliencia de los cultivos”.

 

ABRIR MÁS Y MEJORES MERCADOS

 

La suma de estas estrategias, permitirá que Chile produzca más y mejores alimentos, en línea con las tendencias de consumo actuales, lo que a la vez se traducirá en nuevas oportunidades para conquistar mercados emergentes que precisamente buscan calidad, funcionalidad y sostenibilidad.

 

En tal sentido, Antonio Walker fue enfático para recalcar que Chile hoy no podemos depender solo de Estados Unidos, Europa y América Latina, “sino que debe afrontar el desafío de penetrar en el sudeste asiático donde hay 11 países con más de 700 millones de habitantes que constituyen un mercado exponencialmente atractivo. Además, debemos tratar de conquistar otras latitudes como Medio Oriente, norte de África, Argelia, Egipto y Marruecos, entre otros, y seguir abriendo más espacios en India”.  

Un trabajo que también requiere redoblar esfuerzos para reducir la brecha entre grandes y pequeños agricultores, de modo que el flujo exportador sea homogéneamente fuerte y creciente.

 

Para ello, el presidente de la SNA estima que es fundamental impulsar sistemas de asociatividad en la pequeña agricultura, que permitan a este importante grupo de productores, que en muchos casos pertenecen al sector familiar-campesino, acceder con más equidad a las nuevas tecnologías. “En este contexto estamos promoviendo el cooperativismo como modelo de negocios, para que los pequeños agricultores también puedan producir, procesar y vender sus productos”, destaca Walker.

 

El llamado entonces, es a que los jóvenes innovadores tecnológicos vuelvan sus ojos a la riqueza del campo chileno, que ayuden a modernizar la agricultura chilena para hacerla mucho más eficiente y poder competir en el mundo con mucho mayores herramientas, “que nos ayuden a tener un sector más competitivo, eficiente, resiliente y sostenible”.


GALERÍA FOTOGRÁFICA

  • La edición genómica hoy permite desarrollar cultivos más resistentes a sequías y plagas.
  • Antonio Walker, presidente de la Sociedad Nacional de Agricultura.
  • Construir invernaderos con asistencia automatizada permite enfrentar mejor los rigores del clima.

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