Alimentos procesados bajo la lupa del conocimiento científico
- Francisco Javier González Salvo
- Jul 12
- 6 min read
Updated: 2 days ago

En un encuentro técnico organizado por ASIVA, que reunió a representantes de la industria, academia, entidades gremiales y expertos del mundo de la ciencia, se analizaron en detalle las causas que explican el alarmante aumento de la obesidad en nuestro país y cuáles son las mejores estrategias para avanzar hacia políticas alimentarias eficientes y basadas en evidencia científica.
A pesar de los cambios regulatorios, de la promulgación de la Ley de Sellos (que recientemente cumplió 10 años de vigencia) y del enorme esfuerzo realizado por la industria para adecuarse a las nuevas exigencias de formulación y publicidad a menores, la obesidad continúa aumentando de manera alarmante y sostenida en Chile.
Así lo establecen diversos estudios realizados a nivel nacional e internacional, entre los que destaca el Atlas Mundial de la Obesidad 2025, el cual establece que 42% de la población adulta muestra algún grado de prevalencia de esta enfermedad no transmisible.
Esto implica que durante las dos primeras décadas del presente siglo, la obesidad ha aumentado en más de 20%, lo que posiciona a Chile como el país más obeso de América Latina y como el segundo entre todos los integrantes de la OCDE, siendo solo superado en último este listado por Estados Unidos.
Un flamante “deshonor” que resulta aún más grave y complejo de asimilar si se considera que no solo afecta a la población adulta, sino también a niños y adolescentes. De hecho, el último Mapa Nutricional publicado por JUNAEB, muestra que 51,7% de la población chilena en edad escolar (entre 4 y 18 años), muestra algún grado de malnutrición por exceso.
De este total, 24,8% padece algún grado de obesidad (que puede ser leve a moderada), mientras que 6,4% vive directamente en condiciones de obesidad severa o mórbida (que genera un deterioro significativo de la calidad de vida).
Todo eso constituye, al mismo tiempo, un factor de alto riesgo para la salud, pues generalmente la obesidad es precursora de otras patologías graves como, por ejemplo, hipertensión, diabetes grado 2, deficiencias cardíacas, daño hepático y renal, e incluso ciertos tipos de cáncer.
Si bien esta situación ha generado impacto transversal y multisectorial, las previsiones a corto plazo son aún más sombrías y ominosas, pues el mismo Atlas Mundial de la Obesidad estima que a finales de la presente década, más de 14 millones de chilenos (cerca del 82% de la población) tendrá algún grado de sobrepeso, y cerca de 3 millones vivirán con obesidad severa.
Todo ello a pesar de que nuestro país ha sido pionero en la implementación de políticas regulatorias estrictas, como el etiquetado frontal de advertencia para los alimentos procesados altos en nutrientes críticos (azúcares añadidos, grasas saturadas, calorías y sodio); las restricciones a la publicidad dirigida a niños; y la progresiva mejora en la alimentación escolar.
Todas medidas que fueron muy aplaudidas (y también criticadas), pero que, por desgracia, solo parecieron desacelerar un poco el impacto de la obesidad en los números gruesos, pero sin llegar a revertir la tendencia general de su incremento tanto en la población infantil, como adulta.
Frente a este negativo escenario, los expertos concuerdan en que la única forma de detener esta auténtica “epidemia en las sombras”, radica en la implementación a corto plazo, de medidas multidisciplinarias integrales, que abarquen no solo los aspectos relacionados con la ingesta de alimentos procesados, sino también aquellos relacionados con factores externos como, por ejemplo:
Aumento desmedido del sedentarismo y las horas de ocio frente a las pantallas.
Incremento de la ansiedad cotidiana (que se traduce en trastornos agudos de la conducta alimentaria).
Falta de medios económicos para acceder a dietas equilibradas.
Reducción crónica de las horas de sueño, entre otros.
Estos y otros puntos de interés fueron precisamente abordados durante el “Primer Encuentro de Innovación Alimentaria: Alimentos Ultraprocesados”, organizado por la Asociación de Empresas Región de Valparaíso (ASIVA), a través de su Comisión de Alimentos.
La actividad, realizada en la sede Viña del Mar de la Universidad Técnica Federico Santa María, reunió a representantes de la industria alimentaria, academia, entidades gremiales y especialistas del sector, quienes reflexionaron sobre los desafíos que enfrenta el país en materia de salud pública, nutrición e innovación alimentaria.
Una instancia que para la presidenta de la Comisión de Alimentos de ASIVA, Javiera González, precisamente permite abordar estos desafíos desde distintas perspectivas, “generando valiosas instancias de diálogo entre expertos, representantes de la industria alimentaria y la academia”.
Gonzalez también considera muy valioso que estos temas se analicen en espacios técnicos objetivos, “que permitan mirar la situación actual de manera más integral, con evidencia, responsabilidad y apertura”.
En tal sentido, la directiva considera que la jornada no solo permitió conversar sobre cómo la industria puede aportar desde la innovación, la mejora continua y el trabajo colaborativo, sino también “avanzar en el diseño de nuevas estrategias que vayan en directo beneficio de los consumidores y del desarrollo alimentario del país”.
Desde ASIVA también enfatizaron que este encuentro forma parte del trabajo que impulsa el gremio para fortalecer la vinculación entre el sector productivo, la academia y los organismos especializados, “promoviendo una discusión informada sobre los desafíos alimentarios y de salud pública que hoy enfrenta Chile”.

AVANZAR CON CRITERIO TÉCNICO
Durante la jornada, Marisol Figueroa, gerenta general de AB Chile, abordó la evidencia científica disponible respecto de los alimentos procesados y los desafíos regulatorios asociados al uso cada vez más generalizado del concepto “ultraprocesado” que, tal como recordó la directiva, “no tiene base ni sustento científico”.
En su exposición, Figueroa también destacó que el aumento de la obesidad responde a múltiples factores, entre ellos el sedentarismo, los cambios en los estilos de vida y el entorno alimentario, advirtiendo además que “actualmente no existe consenso científico internacional respecto de una definición uniforme de alimentos ultraprocesados, ni sobre su utilización como herramienta regulatoria, pues ninguno de los argumentos utilizados para definirlos, como la cantidad de procesos o el número de ingredientes, está basado en ciencia”.
En este contexto, la también ingeniera en alimentos y experta en políticas públicas alimentarias e innovación, enfatizó que ante el aumento desmedido de los índices de obesidad que padece la población chilena, es más relevante evaluar y controlar la composición nutricional de los alimentos, más que su grado de procesamiento o la cantidad de ingredientes que contengan.
Figueroa hizo hincapié, asimismo, en que la “así llamados alimentos ultraprocesados no conllevan por si mismos a una mala nutrición, pues el 70% de los alimentos que consume la población chilena no tiene información nutricional, ni de etiquetado ni tampoco restricciones de publicidad, es decir, escapa por completo a la regulación impuesta por la Ley de Sellos”.
Al respecto, la gerenta general de AB Chile concluyó que eventos como los organizados por ASIVA “son muy importantes porque reúnen a la academia, a la industria y diversas áreas del conocimiento en torno a temas que hoy están en un profundo análisis”.
“Los (así llamados) alimentos ultraprocesados son un concepto complejo que requiere que todos los sectores se detengan a reflexionar y conversar, y este encuentro de ASIVA cumplió con esa misión a cabalidad”, agregó la directiva y experta en regulación alimentaria.
DEJAR DE CREAR "ENEMIGOS CONCEPTUALES"
El segundo exponente central de la jornada fue Gabriel Vivanco, presidente del Colegio de Ingenieros en Alimentos de Chile (CIACh), quien también descartó la validez técnica del concepto “ultraprocesado” y enfatizó la necesidad de abordar la obesidad desde una perspectiva integral.
“Si buscamos combatir la obesidad y, simultáneamente, reducir la prevalencia de las enfermedades no transmisibles que se derivan de ella, demonizar los alimentos no es el camino”, recalcó el líder gremial.
Vivanco fue enfático en manifestar que las autoridades deben regular en la materia, pero con base y evidencia científica, haciéndose cargo de que el aumento en los índices de masa corporal y mal nutrición por exceso no se explican solo por la ingesta de comida. “Hoy tenemos cambios que han ocurrido en el mundo entero respecto del avance de la ciencia y la tecnología, lo que se refleja en la facilidad de tener más acceso a internet desde la infancia, lo que provoca un aumento significativo del sedentarismo en la población por el mayor tiempo que se pasa frente a una pantalla”, recalcó.
A su juicio, esto exige diseñar e implementar soluciones multifactoriales, principalmente haciéndonos cargo de modernizar la gobernanza de los alimentos en Chile e impulsando la creación de un Ministerio de Alimentos, que tenga las atribuciones para enfrentar esta situación de manera más eficiente aplicando todas las medidas necesarias, con las atribuciones legales pertinentes, tal como lo hicieron España y Francia, que fueron los dos países de la OCDE que lograron reducir sus índices de obesidad, junto con Corea, precisamente por decidieron implementar cambios drásticos en su gobernanza”.
Un camino que, para Vivanco, implica dejar de crear nuevos enemigos conceptuales (como los llamados alimentos “ultraprocesados”) y avanzar en la implementación de una estrategia preventiva integral, como auténtica política de Estado”.









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