Inocuidad alimentaria: el síntoma de un desafío que Chile ya no puede seguir postergando
- Francisco Javier González Salvo
- Jul 11
- 5 min read
Updated: 2 days ago

"En el actual contexto que vive nuestro país, los recientes casos de intoxicaciones y brotes de enfermedades alimentarias, son la manifestación más visible de un problema mucho mayor: la ausencia de una gobernanza alimentaria moderna, integrada y estratégica".
Por Gabriel Vivanco
Presidente del Colegio de Ingenieros en Alimentos de Chile, CIACh
Cada año, el mundo conmemora el Día Mundial de la Inocuidad de los Alimentos, una fecha que nos recuerda una verdad irrefutable: garantizar alimentos inocuos no es únicamente una responsabilidad sanitaria.
Es una condición indispensable para proteger la salud de las personas, fortalecer la confianza de los consumidores, resguardar la competitividad internacional y consolidar el desarrollo económico de un país.
En Chile, sin embargo, esta conmemoración debiera impulsarnos a formular una pregunta mucho más profunda: ¿Quién gobierna realmente el sistema alimentario chileno?
Los hechos recientes nos obligan a reflexionar. El fallecimiento de un menor de 8 años tras consumir una hamburguesa con falta de cocción en un restaurante con malas condiciones higiénicas en la comuna de Curanilahue; los reiterados incidentes de inocuidad registrados últimamente en el Programa de Alimentación Escolar; las alertas por toxinas marinas; los decomisos de alimentos sin trazabilidad; y los permanentes retiros de productos del mercado son hechos que conmueven a la opinión pública y movilizan a las autoridades.
Cada uno de estos episodios tiene causas inmediatas distintas, pero todos revelan una misma realidad: la institucionalidad con la que Chile administra su sistema alimentario ya no responde a la complejidad de los desafíos del siglo XXI.
Hoy, las competencias relacionadas con los alimentos se encuentran distribuidas entre múltiples ministerios y organismos públicos. Agricultura, Salud, Economía-Minería, Educación, Desarrollo Social, y diversos servicios y agencias como Achipia, participan, cada uno desde su ámbito, en materias como producción primaria, inocuidad, nutrición, fiscalización, innovación, comercio exterior, alimentación escolar, sostenibilidad y desarrollo productivo.
Cada institución cumple adecuadamente el mandato que la ley le ha conferido, pero el problema no son las instituciones, sino que ninguna de ellas tiene la capacidad para conducir estratégicamente el sistema alimentario chileno en su conjunto.
Como consecuencia, se producen duplicidades de funciones, fragmentación regulatoria, dispersión de recursos públicos, dificultades para compartir información y menores capacidades para anticipar riesgos, coordinar respuestas y diseñar políticas públicas integrales.
Mientras tanto, la mayoría de los países de la OCDE han comprendido que los alimentos dejaron hace mucho tiempo de ser un asunto exclusivamente agrícola o sanitario. Hoy constituyen una política estratégica de Estado que integra salud pública, desarrollo económico, innovación, comercio internacional, sostenibilidad, seguridad alimentaria, ciencia y tecnología.
Chile aún administra esos desafíos desde compartimentos separados, y esa fragmentación no sólo afecta la inocuidad alimentaria, también limita nuestra capacidad para enfrentar la obesidad y las enfermedades crónicas, impulsar la innovación alimentaria, reducir pérdidas y desperdicios, fortalecer la trazabilidad, agregar valor a nuestra producción, potenciar las exportaciones y transformar la industria alimentaria en uno de los principales motores del desarrollo nacional.
En otras palabras, la inocuidad alimentaria es la manifestación más visible de un problema mucho mayor: la ausencia de una gobernanza alimentaria moderna, integrada y estratégica.
Chile posee condiciones extraordinarias para consolidarse como una potencia alimentaria mundial. Contamos con recursos naturales privilegiados, una industria reconocida internacionalmente, capital humano altamente especializado, capacidades científicas de primer nivel y una reputación sanitaria construida durante décadas.
Sin embargo, seguimos sustentando gran parte de nuestro crecimiento en la exportación de materias primas, mientras el mayor valor agregado, la innovación, el desarrollo tecnológico y los empleos altamente calificados se generan en otros mercados.
La discusión, por tanto, ya no puede limitarse a cómo producir más alimentos o cómo fortalecer la fiscalización sanitaria, sino a preguntarnos qué gobernanza necesita Chile para transformar su sistema alimentario en un motor estratégico de desarrollo.
Desde el Colegio de Ingenieros en Alimentos de Chile (CIACH) creemos que ha llegado el momento de abrir este debate con visión de Estado, rigor técnico y sentido de urgencia.
No proponemos aumentar la burocracia ni crear estructuras por el solo hecho de hacerlo; sino que proponemos que Chile construya una Política Nacional de Gobernanza Alimentaria, capaz de integrar la visión del Estado respecto de los alimentos, coordinar las competencias hoy dispersas, optimizar el uso de los recursos públicos y fortalecer la toma de decisiones basada en evidencia.
Una gobernanza moderna permitiría anticipar mejor los riesgos sanitarios, fortalecer la coordinación entre instituciones, acelerar la innovación, promover la agregación de valor, impulsar el desarrollo científico y tecnológico, mejorar la competitividad internacional y consolidar una estrategia nacional coherente para uno de los sectores con mayor potencial económico del país.
Porque los alimentos ya no representan únicamente una actividad productiva, constituyen uno de los pocos ámbitos capaces de impactar simultáneamente la salud pública, la educación, el desarrollo económico, la innovación, el comercio exterior, la sostenibilidad ambiental, la seguridad alimentaria, el empleo y el desarrollo territorial.
Pocas políticas públicas poseen un efecto tan transversal sobre el bienestar y el futuro de una nación, y como organización que reúne a los profesionales cuya formación integra ingeniería, ciencia, tecnología, calidad, inocuidad, innovación y desarrollo de alimentos, el Colegio de Ingenieros en Alimentos de Chile posee una visión sistémica única de toda la cadena alimentaria, desde la producción primaria hasta el consumidor final.
Esa mirada transversal, independiente y basada en evidencia científica nos entrega una responsabilidad que asumimos con convicción: contribuir técnicamente al diseño de la gobernanza alimentaria que Chile necesita para las próximas décadas.
Por ello, el CIACH ha decidido impulsar una conversación que trascienda la inocuidad alimentaria y que permita construir consensos sobre el futuro del sistema alimentario nacional. No buscamos representar únicamente la voz de una profesión. Buscamos poner al servicio de Chile el conocimiento técnico de quienes diseñan, desarrollan, producen, controlan y garantizan la calidad e inocuidad de los alimentos que diariamente llegan a millones de personas dentro y fuera de nuestro país.
Esta discusión debe convocar al Estado, a la academia, a los centros de investigación, a las organizaciones profesionales, al sector productivo y a la sociedad civil en su conjunto.
Chile necesita comenzar hoy una conversación seria sobre una Política Nacional de Gobernanza Alimentaria, y el Colegio de Ingenieros en Alimentos de Chile asume el compromiso de liderar técnicamente ese debate, convocando al Estado, la academia, la industria y la sociedad civil para construir una visión compartida que permita transformar el sistema alimentario en uno de los principales motores del desarrollo económico, social y sanitario del país, porque los países que liderarán el desarrollo durante las próximas décadas no serán aquellos que simplemente produzcan más alimentos, sino que aquellos que sean capaces de gobernar inteligentemente sus sistemas alimentarios.
Chile tiene el talento, la industria, el conocimiento y las capacidades para lograrlo. Lo que falta es la decisión de iniciar ese camino.









Comments