Obesidad la Epidemia Oculta que Amenaza la Salud de Chile
- Francisco Javier González Salvo
- Jul 5
- 11 min read
Updated: 2 days ago

A finales del siglo XX, nuestro país derrotó a la desnutrición infantil gracias a la eficiente entrega de leche enriquecida en consultorios y centros de atención primaria. Sin embargo, la actual generación está al borde de una grave crisis de salud pública por la “mal nutrición por exceso”, que ha convertido a la población nacional en una de las más obesas del mundo.
Uno de los diagnósticos más complejos e inquietantes que se ciernen sobre la sociedad moderna, es el constante deterioro de la salud nutricional, motivada en parte por la incapacidad de mantener una alimentación variada y equilibrada, lo que por lo general se traduce en un alarmante incremento de los índices de sobrepeso y obesidad.
Chile no es ajeno a esta situación. De hecho, recientes informes de la OCDE lo ubican como el país que tiene los mayores índices de prevalencia para esta enfermedad no transmisible, después de Estados Unidos,
Lo que resulta más paradójico e incomprensible de este escenario es que a fines del siglo XX Chile logró vencer a la desnutrición infantil, gracias al trabajo mancomunado de la academia y el sector público, que tuvo entre sus líderes más brillantes al Dr. Fernando Monckeberg fundador del Instituto de Tecnología de los Alimentos (INTA), quien precisamente fue homenajeado por el gobierno del presidente José Antonio Kast, por su contribución a esta meta.
Hoy, en cambio, Chile lidera el ranking de obesidad en Latinoamérica, y en el futuro podría posicionarse como uno de los países con más obesos a nivel mundial. De hecho, según la Federación Mundial de la Obesidad, 42% de los chilenos mayores de 20 años tiene esta enfermedad, y si la tendencia se mantiene, en cinco años más la cifra podría superar los 14 millones de personas y afectar hasta el 85% de la población.
Un diagnóstico que, de manera simplista, siempre se justificó a partir de la estigmatización de los alimentos procesados a quienes se sindicó como “principales responsables” de lo que hoy se conoce como “mal nutrición por exceso” (ingesta descontrolada de nutrientes críticos como azúcar añadida, calorías, grasas saturadas y sodio).
Sin embargo, de manera transversal los expertos coinciden en que esta situación no tiene un origen único, sino que en realidad obedece a un conjunto de factores asociados que deben estudiarse de manera integral, para aplicar estrategias de solución que sean realmente efectivas a largo plazo.
Este fue precisamente el eje central del seminario “Análisis de políticas públicas, desafíos y tendencias en la industria alimentaria”, donde destacados exponentes nacionales e internacionales analizaron durante dos días, las causas y efectos de la mal nutrición por exceso de la población, y cómo puede enfrentarse dicho flagelo de manera seria, responsable e informada.
El evento, organizado en Santiago de Chile por la Universidad de California Davis de Estados Unidos, UC Davis, contó con gran asistencia de público durante sus dos jornadas, y abordó las principales tendencias que hoy buscan orientar el desarrollo saludable, inocuo, seguro y sostenible de la industria alimentaria.
DIAGNÓSTICO MULTIFACTORIAL
Quien planteó uno de los análisis más certeros y profundos de la actual condición de alta prevalencia en obesidad que afecta a la población chilena fue el director del Departamento de Nutrición de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile, Dr. Rodrigo Valenzuela, quien precisamente abogó por la necesidad de “buscar soluciones multifactoriales”.
Al respecto, el académico enfatizó que los estudios más recientes muestran que la obesidad en nuestro país, se dispara a partir de la niñez, especialmente cuando la población en edad escolar alcanza el quinto grado (alrededor de los 10 años de vida), “debido a la combinación de dos factores negativos, la ingesta excesiva de calorías y el incremento del sedentarismo, por la influencia de la tecnología y la falta de educación física”.
“Hoy 75% de las personas entre 13 y 60 años en nuestro país presenta malnutrición por exceso, lo que plantea un desafío estructural que requiere respuestas estructurales y no solo medidas paliativas parciales”, enfatizó el académico, agregando que algunas de las medidas más urgentes que hoy deben implementarse, son las siguientes:
Trabajar en educación nutricional y reforzamiento de la actividad física desde la primera infancia (pues la epidemia del sedentarismo aparece desde el nivel parvulario y ya afecta a más del 80% de la población).
Abordar de manera permanente la determinante social, garantizando un acceso equitativo a los alimentos saludablemente nutritivos.
Atacar con urgencia el progresivo estancamiento de la mal nutrición por exceso.
El Dr. Valenzuela también precisó que en la población adulta la ganancia de peso y la mayor prevalencia de obesidad va más allá del consumo de alimentos procesados (como suelen reiterar los así llamados influencers que constantemente bombardean las redes sociales con mensajes “anti alimentos procesados”), pues también considera otros factores como, por ejemplo:
Exceso de actividad digital o de permanencia ante pantallas.
Ansiedad y sentimientos de culpa.
Falta de horas de sueño, entre otros.
Por ende, en su opinión, hay que desarrollar estrategias más integrales y de mayor alcance, como el mayor consumo de fibra dietética, dormir más, incentivar la actividad física y asegurar más equidad social, para avanzar hacia una solución permanente y de largo plazo.
Por su parte, el economista de la UC Davis, Richard Sexton, abordó la temática desde una perspectiva regulatoria, planteando la inconveniencia de regular la ingesta de nutriente críticos mediante la imposición de nuevos aranceles, pues, en su opinión, “son inefectivos y tienden a generar el efecto contrario”.
En tal sentido, el académico enfatiza que “este tipo de impuestos (que también se ha propuesto aplicar en Chile) suelen ser ineficaces e, incluso, contraproducentes”, pues aunque en la actualidad más de medio centenar de países los utiliza para regular el consumo de alimentos azucarados, “en ningún lugar donde ha sido aplicados, han logrado reducir la ingesta calórica”.
Por el contrario, Sexton fue enfático para concluir que “cada vez que se imponen impuestos a la comida, estos golpean a los más pobres”, en lugar de entregar una contribución real a la salud pública.
El experto de UC Davis también puntualizó que gravar con nuevos impuestos a los alimentos procesados (tal como se discutió hasta principios de año en la comisión de Salud del Senado de Chile, durante los análisis técnicos del proyecto de ley de etiquetado frontal impulsado por la senadora María José Gatica), “no solo es una acción difícil de aplicar, que no se traspasa por completo a los consumidores, sino que tampoco genera cambios de hábitos o conductas”.
“En USA, por ejemplo, solo la mitad de los nuevos impuestos se traspasaron a los consumidores, por lo que tuvieron un impacto muy limitado en las ventas. Además no se registró evidencia de cambios significativos en la compra de alimentos más saludables, y tampoco hubo una baja significativa en la venta de productos más altos en calorías”, detalló Sexton.

TRABAJO LEGISLATIVO
Uno de los protagonistas de la actual discusión legislativa que trata de abordar de manera integral esta materia, es el nuevo presidente de la comisión de Salud del Senado, senador Juan Luis Castro, quien reconoce que la actual crisis generada por el aumento de la obesidad en nuestro país, “refleja un divorcio entre el etiquetado de los alimentos y la interpretación del consumidor, lo que no solo se arregla con más leyes”.
El senador Castro también está consciente de que se requieren otras iniciativas paralelas como reforzar las políticas públicas de educación nutricional orientadas a la población, y corregir ciertas actitudes negativas como, por ejemplo, el sedentarismo, la adicción a las pantallas, el deterioro de la salud mental y la falta de actividad física. “Este último factor se hace crítico desde el quinto año de enseñanza básica, lo cual es particularmente negativo”, manifestó el congresista.
Castro también enfatiza que “tenemos que generar lo antes posible el shock necesario para cambiar esta situación crítica, porque la leyes son insuficientes, dado que surgen después de las crisis y esto no puede seguir así”.
En ese sentido, destaca que “es importante evaluar en profundidad el real impacto de la Ley de Etiquetado, y ver, en detalle, qué otros factores o variables inciden en el impacto actual de la obesidad en la población adulta e infantil de Chile”.
Al respeto, anunció que en las próximas semanas la comisión de Salud del Senado retomará el análisis legislativo sobre esta materia (detenido tras el cambio de mando y la renovación de las comisiones parlamentarias) y además organizará un evento donde se evaluará esta situación desde el punto de vista técnico y científico, convocando a todos los actores públicos, privados, académicos y gremiales involucrados, para “pasar de la retórica a la acción, y forzar una intervención que se traduzca en mayor colaboración público-privada en beneficio de toda la comunidad”.
VENCER A LA “QUIMIOFOBIA”
Otro factor que se considera como propiciador de estados de ansiosos que pueden conducir a desórdenes metabólicos y trastornos de la conducta alimentaria, es el rechazo injustificado hacia los alimentos procesados, actitud que es descartada de plano por la Dra. Marcela Rodríguez, directora Administrativa y de Asuntos Científicos y Regulatorios de la Alianza Latinoamericana de Asociaciones de la Industria de Alimentos y Bebidas (ALAIAB), quien define esta situación como una “quimiofobia irracional e incomprensible”.
“Esta fobia a lo químico y a todo lo que no proviene de lo natural, motivada fundamentalmente por el impacto negativo que ejercen en redes sociales los influenciadores y creadores de contenido que demonizan el uso de aditivos, sin tener conocimientos o bases técnicas que fundamenten sus opiniones, es completamente injustificada”, enfatizó la doctora Rodríguez, “pues nuestra comida es hoy más segura que nunca”.
En tal sentido, la experta de ALAIAB agregó que esta condición es innegable y se debe a que “la industria de los alimentos cuenta con profesionales competentes, ingenieros en alimentos y químicos que están detrás de lo que comemos”.
Rodríguez también fue enfática en asegurar que, a nivel internacional, la existencia de importantes agencias regulatorias de gran valor científico y técnico, como el Códex Alimentarius (que en septiembre de 2025 realizó una de sus jornadas de trabajo en Santiago de Chile) y el JECFA, garantizan un trabajo constante para velar por la inocuidad de los alimentos en todo el mundo.
Por ende, en su opinión, el aumento de la obesidad no pasa por un mayor o menor consumo de alimentos con aditivos, sino en la cantidad que se ingiere día a día. “Hay que recordar, como dijo Paracelso en el siglo XVI, Paracelso, que ‘todo es veneno y nada es veneno, pues sólo la dosis hace el veneno’. Es decir, cualquier alimento, incluso una manzana o el agua pura, podría ser dañina, si se consume a diario en exceso”, detalló la investigadora.
ALIMENTOS SEGUROS E INOCUOS
Otro tema de alto impacto para la comunidad y que se suele homologar injustificadamente con el aumento de la obesidad, es el procesamiento de alimentos, en particular luego de la invención de la “Clasificación Nova”, por parte del doctor brasilero Carlos Monteiro.
Dicha clasificación establece que existe cierta categoría definida como “alimentos ultraprocesados”, cuyas características (que sin embargo nunca han sido definidas de manera certera desde un punto de vista técnico), incidirían eventualmente en el aumento de masa corporal y de ciertas enfermedades no transmisibles como la hipertensión y la obesidad.
Sin embargo, los científicos de alimentos rebaten esta afirmación y aseguran que el procesamiento de alimentos brinda garantía de calidad, eficiencia e inocuidad. Es decir, lo más importante es inculcar la necesidad de consumir estos alimentos en forma equilibrada y moderada, sin demonizarlos de manera prejuiciosa.
En tal sentido, el Dr. Samuel Durán, director del Magíster en Nutrición en Salud Pública de la Universidad San Sebastián, comenta que los últimos hallazgos científicos, destacan la inocuidad y seguridad del uso de aditivos en la industria de los alimentos, especialmente en los edulcorantes, que han sido injustamente acusados de causar obesidad y adicciones.
Durán recordó que el factor más relevante para entender el consumo de edulcorantes es la Ingesta Diaria Admitida, IDA, la cual “en todos los estudios recientes realizados en nuestro país se mantiene dentro de los estándares permitidos”.
“Por ende -agregó- debemos preguntarnos también cuál es el efecto de todos los demás factores identificados por la comunidad científica, como el sedentarismo, la falta de sueño, la adicción a las pantallas y los ‘dobles desayunos’, en el aumento de la obesidad desde la infancia, en lugar de centrar toda la culpa en un solo alimento o aditivo, como los edulcorantes, por ejemplo”.
Un punto que también aborda en profundidad la doctora en Ciencias Químicas por la Universidad de Buenos Aires, Susana Socolovsky, quien rechaza absolutamente la validez técnica del concepto “alimentos ultraprocesados”, que a su juicio solo adquiere mayor presencia en redes, debido a su uso indiscriminado “por parte de comunicadores que desconocen su imprecisión y falta de rigurosidad, aun cuando ni siquiera tiene bases técnicas que permitan definirlo con claridad”.
Al respecto, la Dra. Socolovsky, quien ha visitado nuestro país en numerosas oportunidades y también expuso ante la comisión de Salud del Senado durante las discusiones preliminares de la nueva Ley de Etiquetado Frontal, enfatizó que la definición de “alimentos ultraprocesados” es totalmente errónea e injustificada, pues nace de la clasificación NOVA, que “no es reconocida por los organismos internacionales”.
“No existen los alimentos ultraprocesados -puntualiza la experta-, lo que sí existe es el procesamiento de alimentos, que es algo que se hace en la casa y en la industria. Lo importante es que las afirmaciones estén respaldadas por la evidencia científica, lo cual no existe en el caso de la clasificación NOVA”.
Socolovsky también puntualiza que “los alimentos no son más o menos saludables por tener más o menos ingredientes o mayor nivel de procesamiento” y que “no hay evidencia científica que establezca causalidad entre consumo de alimentos procesados y obesidad”.
DESAFÍOS Y METAS
Por su parte, Rodrigo Chamorro, presidente de la Sociedad Chilena de Nutrición (SOCHINUT), considera que algunas de las principales variables que influyen en la mal nutrición de las personas, son la población creciente, la falta de educación y la prevalencia de nuevos factores demográficos y culturales, entre otras.
“Estamos envejeciendo rápidamente y no estamos preparados desde el punto de vista sanitario ni alimentario. A la vez, estamos bastante enfermos y tenemos una alta prevalencia de obesidad, que es un problema complejo y multifactorial”, afirma Chamorro.
El experto puntualiza, asimismo que esta epidemia hoy tiene causas individuales, familiares y ambientales, que inciden en su aparición desde la primera infancia, y que para ello deben impulsarse acciones educativas más profundas como, por ejemplo:
Fomentar el mayor consumo de verduras y frutas fresca.
Desayunar de manera diaria.
Revalorizar las instancias de comida en familia.
Reducir el consumo de bebidas azucaradas.
Comer más en casa, y menos en restaurantes o locales de expendio rápido.
Privilegiar una alimentación rica en fibra.
Visiones que permiten concluir que el actual impacto de la obesidad y el sobrepeso en nuestro país, se deben al efecto conjunto de una serie de variables, como la falta de educación nutricional, el sedentarismo, el consumo excesivo de alimentos tanto procesados como caseros (por desconocimiento o ansiedad), la mala información y el efecto nocivo del estrés o los influenciadores, entre muchos otros.
Todo ello, exige dejar de lado, de una vez por todas, las concepciones estrechas y miopes que hoy dominan el debate público (incluyendo a la “ultra valorada” clasificación NOVA y la demonización de los aditivos), y priorizar los argumentos técnicamente validados, así como la evidencia científica acumulada, que hoy se dejan de lado, especialmente en las redes sociales, aunque son esenciales para comprobar que los aditivos alimentarios hoy son garantía tanto de calidad como inocuidad para toda la población.
De hecho, basta recordar que el procesamiento de alimentos ha salvado vidas (tal como puntualizó la Dra. Socolovsky) y que en forma paralela existe un enorme “mercado gris” de alimentos no regulados, de venta callejera y fácil acceso para toda la población, que también tiene una fuerte incidencia en el aumento de grasa corporal y del sobrepeso.
En otras palabras, si se quiere avanzar hacia una cura para esta epidemia desatada, hay que dejar de dar “palos de ciego” satanizando solo a los alimentos, y buscar una cura integral, que considere todos los factores personales, familiares, sociales y ambientales que hoy inciden en esta condición, pues si nos quedamos solo en los síntomas superficiales, nunca se encontrará una cura real y permanente.
Porque, tal como lo ha mencionado reiteradamente el Dr. Rodrigo Valenzuela, si fuimos capaces de derrotar la desnutrición infantil, gracias al trabajo serio y la evidencia científica, también seremos capaces de derrotar a la obesidad. Solo basta esforzamos de verdad para hacerlo de manera seria y responsable.









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