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- Seminario “Food Innova Los Ríos” presentó tecnologías y soluciones sostenibles
Durante la jornada se presentaron soluciones tecnológicas concretas, tendencias de mercado globales y proyectos de innovación alimentaria sostenible. Foto: Comunicaciones CREAS. Encuentro, realizado en el marco del proyecto CT CREAS, reunió a representantes de la academia, autoridades y del sector privado, para visibilizar casos reales de transferencia científica exitosa, que están acelerando la competitividad y sostenibilidad de la agroindustria. La innovación se ha posicionado como un pilar fundamental para el desarrollo de Chile como potencia ecoalimentaria, impulsando la creación tanto de diversos emprendimientos como de proyectos e iniciativas de investigación científica y académica. Uno de las entidades que ha liderado este esfuerzo de creación, consolidación y escalamiento de emprendimientos de base científica y tecnológica en todo el país, es el Centro Tecnológico CREAS, que en los últimos meses ha realizado una fructífera actividad de interacción con el ecosistema, mediante diversas actividades especializadas de divulgación y transmisión de conocimientos. Como parte de esta intensa agenda de trabajo, más de un centenar de representantes del sector productivo, academia y autoridades locales se dieron cita el miércoles 26 de agosto para participar en el "Seminario Food Innova Los Ríos: Oportunidades Tecnológicas para la Industria Alimentaria”. La exitosa jornada, realizada en el Salón Robles del Hotel Puerta del Sur en Valdivia, se centró en presentar soluciones tecnológicas concretas, tendencias de mercado globales y proyectos de innovación alimentaria sostenible. CONEXIÓN CON LOS TERRITORIOS El seminario, se desarrolló en el marco de la ejecución del proyecto CT CREAS, financiado por la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo (ANID) y ejecutado por un consorcio universitario integrado por la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (PUCV), la Universidad Técnica Federico Santa María (UTFSM), la Universidad del Bío-Bío (UBB) y la Universidad Austral de Chile (UACh). Este encuentro marca el comienzo de una intensa estrategia de vinculación con el medio, que incluirá la realización de nuevos encuentros técnicos a lo largo de todo el país, durante los próximos años. Esto permitirá que la ciencia y tecnología de frontera, esté al alcance del ecosistema emprendedor, proporcionando a las startups nacionales nuevas herramientas y oportunidades para escalar sus desarrollos, tanto en el mercado interno como en el exterior. Al respecto, la directora nacional de ANID, Alejandra Pizarro destacó que en la agencia existe plena consciencia de que la investigación y el desarrollo tecnológico adquieren mayor valor “cuando logran generar soluciones reales que impactan en el sector productivo”. La directiva agregó que espacios como Food Innova Los Ríos “permiten acercar las capacidades de la ciencia y la innovación a las empresas, fortaleciendo la colaboración entre la academia, el Estado y la industria”, y enfatizó también que a través de iniciativas como el Centro CREAS, “buscamos potenciar ese vínculo para contar con una industria agroalimentaria más innovadora, competitiva y sostenible desde los territorios”. Alejandro Osses, gerente de CREAS, destacó diversos casos de éxito donde la ciencia ha logrado traspasar las barreras del laboratorio y convertirse en destacados ejemplos de innovaciones comerciales. DEL LABORATORIO AL MERCADO La apertura del seminario contó con las palabras de bienvenida de la subdirectora de Innovación y Emprendimiento de Fomento Los Ríos, Carla Paredes, y de la decana de la Facultad de Ciencias Agrarias y Alimentarias de la UACh, Dra. Carolina Lizana. También se hicieron presentes el vicerrector de Investigación, Desarrollo y Creación Artística, Dr. Luis Miguel Pardo junto al director de Desarrollo e Innovación de la Universidad Austral de Chile; y el director académico del CFT Los Ríos, Rodrigo Ibáñez. Posteriormente, los asistentes pudieron conocer de primera fuente cómo la tecnología aplicada está acelerando la creación de productos agroalimentarios de alto valor agregado. Es así como la directora de CREAS, María Elvira Zúñiga, abordó los desafíos estratégicos del Centro Tecnológico para impulsar la transferencia de innovaciones al sector productivo. En tanto, Alejandro Osses, gerente de CREAS, destacó diversos casos de éxito donde la ciencia ha logrado traspasar las barreras del laboratorio y convertirse en destacados ejemplos de innovaciones comerciales exitosas, tanto para sus protagonistas como para el conjunto de la economía nacional. En tal sentido, Osses enfatizó que las empresas, emprendedores y productores de la Región de Los Ríos tienen en CREAS, la Universidad Austral y las demás universidades que forman parte del consorcio, a aliados estratégicos que pueden ayudarles a escalar sus productos. “En este seminario no solo analizamos las tendencias del mercado alimentario, sino que mostramos casos reales de innovación donde el trabajo conjunto nos ha permitido llevar prototipos desde el laboratorio hasta las góndolas y el mercado final”, puntualizó Osses. La agenda técnica también incluyó la revisión de capacidades tecnológicas locales impartida por el académico Aníbal Concha de la UACh; así como la ponencia "De la tendencia a la oportunidad: hacia dónde se mueve la industria alimentaria", presentada por el Dr. y académico de la Escuela de Alimentos de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, Francisco Rossier. En su presentación, el Dr. Rossier entregó una mirada prospectiva sobre las exigencias tecnológicas y de consumo que enfrenta el sector, a partir de las nuevas tendencias que hoy orientan tanto las decisiones de las personas como el desarrollo eficiente, saludable y sostenible de los alimentos del mañana. SOSTENIBILIDAD Y TRANSFERENCIA EXITOSA El impacto de estas soluciones en la agricultura e industria alimentaria local fue reforzado por la presentación de la decana de la Facultad de Ciencias Agrarias y Alimentarias de la UACh, Dra. Carolina Lizana. Lizana destacó el rol fundamental que CT CREAS cumple en el fortalecimiento de la innovación y la transferencia hacia el sector agroalimentario y se manifestó complacida de la oportunidad que se abre para el desarrollo de los emprendedores y sus iniciativas. “Nos alegra profundamente el éxito de este seminario en Valdivia, donde nuestra universidad pudo visibilizar su rol estratégico aportando capacidades científicas, infraestructura especializada y capital humano avanzado para vincular la investigación aplicada con las necesidades reales de la industria local”, destacó la académica. El encuentro también incluyó el panel "Espacio TT Green Foods: Innovaciones para alimentos más sostenibles", con la participación de Julissa Santis (gerente de TT Green Foods), Araceli Olivares (investigadora de CREAS), Francisco Carvallo (investigador del Centro Ceres), junto a Macarena Schaffhauser y Sebastián Delbene (representantes de la startup Plantae Labs). La jornada culminó con una Pitch Session de Casos de Éxito, donde se expusieron experiencias reales de transferencia tecnológica del CREAS bajo el concepto "De la Ciencia al Mercado". En la oportunidad se detallaron productos e innovaciones que alcanzaron la escala comercial, como los casos de las empresas Queen Fizz Syrup, Manada Alimentos y Bioketen (ganador del Premio Avonni). GALERÍA FOTOGRÁFICA
- Nuevo centro tecnológico CITAGRO abordará desafíos agroalimentarios de Chile
El nuevo centro implementará una agenda de investigación sistémica transdisciplinaria, orientada a desarrollar ciencia con impacto en el desarrollo de política pública. Foto: Generada por Manus IA. Iniciativa reúne a expertos de diversas entidades académicas nacionales y extranjeras, y enfocará sus esfuerzos en tres áreas de innovación: agricultura positiva para la naturaleza, economías rurales circulares y cadenas de valor sostenible, combinando estrategias de agrotecnología (agritech) y biotecnología alimentaria (foodtech), para contribuir al diseño de nuevas y mejores políticas públicas sectoriales. Los sistemas agroalimentarios, tanto en Chile como en todo el mundo, son esenciales para la supervivencia de la humanidad, pues estructuran territorios, generan empleos, sostienen comunidades rurales, y contribuyen de manera decisiva al desarrollo de las economías. Sin embargo, también es evidente que, en la actualidad, enfrentan el complejo desafío de producir más y mejores alimentos para una población con nuevas necesidades nutricionales, en un contexto de constante tensión climática e incertidumbre económica, social y geopolítica. Esto implica trabajar en un escenario de constante contingencia ambiental y de permanente presión por parte de un mercado que exige salud funcional, pero también trazabilidad, más ingredientes naturales y sostenibilidad a lo largo de toda la cadena “del campo a la mesa”. Para enfrentar estos retos, se requiere una profunda reingeniería en la forma de producir, distribuir y consumir alimentos. Ello permitiría optimizar la disponibilidad de nutrientes funcionales de origen natural para toda la población, haciendo un mejor uso de los recursos naturales escasos, como el agua y los suelos fértiles, y reduciendo tanto la huella de carbono sectorial como el desperdicio alimentario global. Este desafiante contexto fue el que impulsó la creación del nuevo Centro de Investigación para la Transformación Agroalimentaria, CITAGRO, que está constituido por un amplio equipo de más de 40 investigadores y académicos de Chile y el extranjero, y cuyo objetivo es, precisamente, apoyar el desarrollo eficaz, eficiente y sostenible de todo el sistema agroalimentario nacional. CIENCIA PARA EL DESARROLLO El nuevo centro tecnológico CITAGRO es liderado por la Universidad Andrés Bello y la Universidad de Talca; y cuenta con además con la participación de la Universidad de Chile, la Universidad de La Frontera y la Universidad de California Davis, como instituciones asociadas. A estas distinguidas entidades académicas se suma el ministerio de Agricultura, que desde el sector público actúa como Institución de Interés Nacional, contribuyendo a vincular la investigación del centro con las prioridades y desafíos del país. Esta conjugación de esfuerzos permitirá que CITAGRO implemente una agenda de investigación sistémica transdisciplinaria, orientada a desarrollar ciencia con sentido e impacto concreto en el desarrollo de política pública. Para tales efectos, el trabajo del equipo de investigación se organizará en seis líneas interconectadas que buscan ir más allá del tradicional “aislamiento científico de laboratorio” e incorporando, al mismo tiempo, los saberes ancestrales que subyacen en cada uno de los rincones del extenso territorio nacional. Estas líneas son las siguientes: Desarrollar estrategias inteligentes para la resiliencia de las plantas, creando cultivos más resistentes al estrés ambiental. Impulsar sistemas agrícolas holísticos, promoviendo prácticas regenerativas. Fomentar la circularidad agroalimentaria territorial, mediante nuevos modelos que aseguren la reutilización de insumos y descartes. Aportar a la creación de valor plural y de agronegocios más sostenibles e inclusivos en el sector. Consolidar una nueva gobernanza de la soberanía alimentaria, para que la producción de alimentos se adapte a las necesidades de los territorios. Estudiar y entender la dinámica de las transiciones del sistema agroalimentario. Esto permitirá impulsar una producción de alimentos sostenible y adaptada a las necesidades de los territorios, estudiando simultáneamente cómo ocurren las transiciones de nuestro sistema agroalimentario, para que dicho objetivo se alcance en el menor tiempo posible. CONEXIÓN CON EL ECOSISTEMA Uno de los principales desafíos del nuevo centro tecnológico CITAGRO será desarrollar espacios de transformación científicos y biotecnológicos conectados de manera directa y efectiva con todo el ecosistema. Para ello se trabajará mediante Living Labs o Laboratorios Vivos, donde la ciencia, la política pública y los actores de los propios territorios, puedan experimentar y construir nuevas trayectorias en torno al desarrollo de agroalimentos más saludables y sostenibles. Según explica Laurens Klerkx, director alterno de CITAGRO y académico de UTalca, esta metodología, que permite trabajar directamente en terreno con los actores de la cadena productiva agroalimentaria, incluye “procesos de experimentación y aprendizaje en condiciones reales, donde los problemas se definen junto a las comunidades y otros actores, para co-crear soluciones”. El experto abordó esta temática durante la inauguración oficial del centro, oportunidad en la que dictó la charla “Transformar el sistema agroalimentario: del éxito productivo a la capacidad de enfrentar un futuro incierto”. En dicha instancia Klerkx afirmó que esta vinculación con el medio no solo permite superar una de las brechas más criticadas del trabajo académico, sino que también ayudará a implementar diversas experiencias piloto en terreno y evaluar su posible escalamiento al mercado, tanto a nivel regional como nacional, a partir de la evidencia obtenida. Esto implica aplicar un modelo de trabajo que busca la integración inter y transdiciplinaria, de académicos, investigadores, gremios del agro, pequeños agricultores, instituciones públicas, empresas exportadoras y startups agtech y foodtech de todo el país, comenzando en la regiones de O’ Higgins, Maule y Metropolitana. Dicha iniciativa permitirá que CITAGRO trabaje durante los próximos 10 años en diversas iniciativas de co-creación, junto a los territorios y los distintos representantes del mundo agroalimentario nacional, para desarrollar fórmulas que permitan abordar los desafíos y contingencias ambientales, sociales, económicas y climáticas que hoy enfrentan los sistemas productivos nacionales, como sequías y estrés hídrico, precipitaciones fuera de temporada, uso racional de recursos e incremento de la huella de carbono y el desperdicio alimentario, entre otros. Al respecto, el director de CITAGRO y académico de la UNAB, Andrés Orellana, comentó durante la ceremonia de inauguración del nuevo centro tecnológico, que esta mirada sistémica y transdisciplinaria permitirá contar con evidencia científica para la política pública, “incorporando a los territorios y sus saberes en los procesos de investigación que se desarrollarán durante los próximos años”. El vicerrector de Investigación y Desarrollo de la Universidad de Chile, James McPhee, comentó a su vez que durante la próxima década “se espera lograr un cambio notable en la actividad agrícola de nuestro país y también de las personas que viven y desarrollan esta actividad”. ENFOQUE MULTIRREGIONAL La ciencia agroalimentaria que desarrollará el nuevo centro tecnológico CITAGRO, también está pensada para actuar en estrecha colaboración con el ministerio de Agricultura y sus diversos servicios dependientes, como INIA, FIA e INDAP, entre otros. Este rol de liderazgo fue precisamente destacado por el ministro de Agricultura Jaime Campos, quien enfatizó durante la ceremonia inaugural que “este centro reúne una gran parte de la masa pensante sectorial, aglutinando a distintas e importantes universidades, y movilizando a la academia”. “A partir de los conocimientos que ustedes vayan entregando, con seriedad y objetividad, la autoridad política puede ir diseñando e implementando las (nuevas) políticas públicas (que se necesitan) para (enfrentar) el enorme desafío que representa el desarrollo eficiente y sostenible de este sector”, agregó el secretario de Estado. Valor que también resaltó la directora de la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo, ANID, Alejandra Pizarro, quien comentó que esta iniciativa “tuvo la capacidad de alinear y asociar a distintas universidades, con distintas lógicas y énfasis, pero con el objetivo común de proveer a nuestro país de políticas públicas basadas, efectivamente, en conocimiento e investigación”. Punto de vista que también resaltó el rector de la Universidad Andrés Bello, Julio Castro, quien puntualizó que el valor del nuevo centro tecnológico CITAGRO radica precisamente en su capacidad de articular distintas universidades y sectores públicos en torno a un objetivo común: solucionar los problemas agroalimentarios del Chile real; “objetivo para el cual se requiere investigación que genere impacto (positivo) en la sociedad”, afirmó el académico. Por su parte, el rector de la Universidad de Talca, Arcadio Cerda, también valoró la mirada multirregional que aspira a consolidar el nuevo centro tecnológico CITAGRO, pues en su opinión “permite reconocer la diversidad del agro chileno y contribuir al diseño de políticas públicas con mayor resiliencia territorial”. GALERÍA FOTOGRÁFICA
- Nova-IA busca posicionar a Chile como exportador de inteligencia alimentaria
Nova-IA concentrará su trabajo de I+D+i en tres pilares: optimización de procesos productivos, inteligencia de mercado y valorización de pérdidas alimentarias. Foto: Gentileza proyecto Nova-IA Iniciativa, cofinanciada por Corfo, contempla una inversión de $5.300 millones a cinco años y reúne a universidades, centros tecnológicos y seis empresas del ecosistema emprendedor e industrial, para desarrollar herramientas de inteligencia artificial aplicadas a la industria alimentaria. Un innovador programa que conjuga a diversos protagonistas del ecosistema público-privado, busca posicionar a Chile como exportador y referente mundial de inteligencia alimentaria. La iniciativa, denominada Nuevas Oportunidades de Valorización Alimentaria con Inteligencia Artificial (Nova-IA), fue presentado recientemente por un consorcio que reúne a destacados exponentes del mundo académico, científico y empresarial de nuestro país. Al respecto, el director del consorcio, Dr. Pedro Bouchon, profesor titular de Ingeniería en la Pontificia Universidad Católica de Chile, manifestó que esta iniciativa permitirá que Chile agregue más valor a los alimentos que lleva al mundo, “exportando también el conocimiento y la inteligencia alimentaria que hay detrás de ellos”. El académico también precisó que la colaboración con diversas empresas asociadas permitirá orientar las iniciativas hacia desafíos concretos y acelerar su implementación en el sector productivo. “No estamos desarrollando tecnología en abstracto -enfatizó-, sino que cada solución que desarrollamos responde a un problema que hoy le cuesta dinero a una empresa, ya sean pérdidas que se pueden valorizar, líneas de producción que se pueden hacer más eficientes o decisiones que se toman sin suficiente información”. En este marco, Nova-IA concentrará su trabajo de I+D+i en tres pilares: optimización de procesos productivos, inteligencia de mercado y valorización de pérdidas alimentarias. Quien también manifestó su satisfacción con el avance de esta iniciativa fue Rodrigo Durán, gerente general del Centro Nacional de Inteligencia Artificial, CENIA, quien expresó que su entidad “aportó investigación de frontera e infraestructura tecnológica para potenciar la adopción de IA en el sector”, mediante herramientas que permiten anticipar problemas en las líneas de producción, comprender las tendencias del mercado e identificar las necesidades de los consumidores para crear soluciones innovadoras. La entidad ejecutora de Nova-IA será Dictuc, que tendrá la función de articular el consorcio tecnológico integrado por la PUC, la Universidad de La Serena, el Centro Nacional de Inteligencia Artificial (CENIA) y la consultora especializada Mumulkan, junto con las empresas asociadas Carozzi, Cáscara Foods, Nestlé, Nutrisco, Sticta y Viña Concha y Toro. En ese sentido, el presidente del Directorio de Dictuc, Juan Carlos Herrera, indicó que uno de los principales objetivos de Nova-IA es transferir sus avances al sector productivo y cerrar la brecha entre la investigación y su aplicación práctica. “Queremos que los resultados se traduzcan en soluciones que funcionen en condiciones reales, puedan escalarse y fortalezcan las capacidades de la industria alimentaria nacional”, puntualizó el ejecutivo. CONOCIMIENTO Y ACTIVOS TECNOLÓGICOS Gracias a esta iniciativa, Chile tiene la oportunidad de llevar al mundo no solo productos de calidad, sino también conocimiento y tecnologías capaces de cambiar la manera en que se producen y consumen los alimentos. Objetivo que también se enlaza con la necesidad de impulsar innovaciones que ayuden a combatir y mitigar la excesiva huella de carbono generada por los desperdicios alimentarios. Esta acción hoy es absolutamente prioritaria, pues según el Food Waste Index Report 2024 del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, a escala mundial solo en 2022 se generaron 1.050 millones de toneladas de desperdicio de alimentos en hogares, servicios de alimentación y comercio minorista. Frente a este complejo escenario, Nova-IA apunta a transformar las pérdidas alimentarias en nuevas oportunidades de valor mediante la articulación de capacidades científicas, tecnológicas y empresariales. En este contexto, Ximena Lincolao, ministra de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación, destacó la relevancia de desarrollar capacidades en IA y aplicar ese conocimiento a la industria alimentaria, de la cual Chile hoy puede obtener significativas ventajas competitivas por la calidad de sus materias primas agrícolas y por su capacidad de crear empresas relacionadas con ella. María Angélica Fellenberg, vicerrectora de Investigación y Postgrado de la UC, también destacó a su vez el potencial de la IA para impulsar procesos más eficientes, productos de mayor valor y soluciones más sostenibles, recalcando que “la iniciativa refuerza el compromiso de la universidad por traducir el conocimiento en innovación con impacto”. Desde Corfo, en tanto, el gerente de Capacidades Tecnológicas, Fernando Hentzschel, destacó el rol estructurador del sector público en la identificación y articulación de los desafíos productivos de la industria alimentaria, convocando al ecosistema científico-tecnológico para desarrollar soluciones concretas. Asimismo, enfatizó que “este programa tecnológico permite que los consorcios actúen como catalizadores para que la industria defina sus desafíos y aporte soluciones replicables en otros sectores productivos del país, fortaleciendo así la competitividad de la agroindustria nacional”. GALERÍA FOTOGRÁFICA
- Exitoso Coaching Exportador ejecutado por ProChile Valparaíso y CREAS
Durante dos meses, empresas de la Región de Valparaíso, vinculadas a la innovación en alimentos, participaron de un proceso que buscó fortalecer sus capacidades y entregarles nuevas herramientas para potenciar sus procesos de internacionalización. Foto: Generada por MANUS AI. Empresas de la Región de Valparaíso culminaron un proceso de formación y acompañamiento orientado a fortalecer sus estrategias comerciales y capacidades para avanzar hacia nuevos mercados. Con las presentaciones de los respectivos planes de negocios de las nueve empresas participantes, concluyó la última sesión del exitoso Programa Coaching Exportador 2026. Esta iniciativa, organizada y financiada por ProChile, es desarrollada en colaboración con el Centro Científico Tecnológico CREAS y contó con el apoyo de la Escuela de Negocios Internacionales de la Universidad de Valparaíso. A lo largo de dos meses y en más de siete sesiones, empresas de la Región de Valparaíso, vinculadas a la innovación en alimentos, participaron de un proceso que buscó fortalecer sus capacidades y entregar nuevas herramientas para potenciar sus procesos de internacionalización. Las empresas fueron Troja, Frutos del Mauco, Frutotos, Origo, ProOliva, Mare Premium, Ayurpacha, Stefymar y Pastaliolo, las que presentaron sus respectivos planes de trabajo y un completo análisis de lo que buscan lograr en nuevos negocios. Estos emprendimientos regionales cuentan con una variada oferta, que contempla, además, sostenibilidad, innovación y un trabajo para llegar a mercados objetivo como Canadá, Estados Unidos, México, Japón, Colombia, Alemania y Argentina. En la oportunidad, el director de ProChile Valparaíso, Ivo Sandoval, valoró que todas las empresas “participaron de forma muy activa y fueron aprendiendo y conociendo la dinámica del comercio internacional en este coaching”. “Nos encontramos con presentaciones de excelente nivel y escalabilidad internacional y buscando factores de diferenciación”, destacó el directivo. IMPULSAR EL ESCALAMIENTO En esta jornada final de Coaching Exportador, los participantes expusieron sus proyectos a través de una presentación breve (pitch) ante un panel de directores, instancia que permitió evaluar sus propuestas y entregar retroalimentación para fortalecer sus estrategias de internacionalización. Al respecto, Pablo Díaz, representante de Troja Conservando Nutrientes, agradeció a CREAS y ProChile “por esta instancia que nos permitió tener una visión mucho más clara de poder tener un plan de negocios internacional, para comercializar nuestro negocios que son pastas de maní con frutos nativos chilenos, traídos desde la ancestralidad de Atacama hasta la Patagonia”. El emprendedor agregó que espera que las instancias de coaching continúen para fortalecer el trabajo realizado en esta versión e idealmente llegar a los mercados extranjeros que estudiaron para su producto. En ese mismo sentido, Ruth Vásquez, fundadora de la empresa Ecoterra – Alimentos con Propósito, a cargo del producto Origo, té hecho a partir de orujo de uva, expresó que “esta experiencia fue tremenda, pues nos ayudó a obtener mayor conocimiento y preparar la exportación en función a datos”. “También nos asoció a muchas empresas que están en el rubro alimentario, con quienes aprendimos a preparar un plan comercial y cómo mejorar la propuesta de valor”, agregó la emprendedora, quien gracias a los lazos y el trabajo realizado en este programa, concretó su primera venta comercial internacional. Para Alejandro Osses, gerente de CREAS, el Centro “tiene un compromiso con su región y esta iniciativa junto a ProChile da continuidad al acompañamiento de las empresas regionales con las que ya hemos colaborado siendo un pilar fundamental para consolidar el impacto de la innovación alimentaria en la Región de Valparaíso”. Osses también enfatizó la necesidad de apoyar en forma concreta el escalamiento de todas estas iniciativas, pues “de nada sirve articular capacidades técnicas y desarrollar prototipos exitosos, si no nos aseguramos de que esas soluciones crucen el complejo desafío del escalamiento y se mantengan competitivas en el mercado, más aún pensando en el mercado internacional”. GALERÍA FOTOGRÁFICA
- Bioestimulantes de precisión, estrategia eficaz para reforzar resistencia hídrica de la frutilla
Los resultados fueron recientemente publicados en el artículo “Microbial consortia and their metabolic modulations as mechanisms of water deficit tolerance in strawberry plants”. Foto: Comunicaciones CEAF. Expertos del Centro de Estudios Avanzados en Fruticultura (CEAF), junto a un equipo multidisciplinario de investigadores, analizaron en profundidad cómo estos compuestos ayudan a que este fruto, que forma parte esencial de la cadena productiva agroalimentaria nacional, tolere de mejor forma las sequías. El desarrollo de soluciones tecnológicas basadas en la naturaleza, se ha consolidado como un pilar fundamental para asegurar la sostenibilidad agrícola en escenarios de estrés climático y escasez hídrica. En este ámbito, una investigación en la que participaron expertos del Centro de Estudios Avanzados en Fruticultura, CEAF, Paula Pimentel y Pablo Cornejo, demostró cómo el uso de consorcios microbianos específicos -diseñados mediante la combinación de hongos micorrícico arbusculares (HMA), bacterias y levaduras-, funciona como un catalizador biológico capaz de reconfigurar el metabolismo de las plantas de frutilla para tolerar la falta de agua. A diferencia de los enfoques genéricos, este estudio destaca la importancia de la especificidad de los consorcios microbianos. La investigación, publicada en el artículo “Microbial consortia and their metabolic modulations as mechanisms of water deficit tolerance in strawberry plants”, determinó que los beneficios de estos bioestimulantes dependen estrictamente de la selección precisa de las cepas utilizadas, demostrando que solo las combinaciones microbianas correctas logran maximizar los mecanismos de defensa vegetal necesarios para mitigar los efectos negativos de la sequía. Según explica el Dr. Pablo Cornejo, “La frutilla es importante porque da trabajo a muchos núcleos familiares en nuestro país, especialmente pequeños productores que trabajan con poco acceso a tecnología y en superficies muchas veces acotadas”. El experto agrega que “además, aunque normalmente se reconoce su importancia como fruta fresca, se utiliza para elaborar diversos productos congelados, jugos y mermeladas. Por eso, genera ingresos y empleo desde el campo hasta la industria y el comercio, volviéndose una importante alternativa económica”. MÁXIMA EFICACIA EN BIOMASA Y NUTRICIÓN FOLIAR Durante los ensayos experimentales, las plantas de frutilla (Fragaria x ananassa) fueron sometidas a un régimen de déficit hídrico severo. Los resultados posicionaron a un consorcio (CS1) integrado por HMA, bacterias y levaduras obtenidas desde ambientes extremos del desierto de Atacama y la Antártida, como la alternativa más efectiva para mitigar dichas condiciones severas. A partir de esta base, los expertos extrajeron las siguientes conclusiones: ● Incremento del rendimiento físico: Las plantas tratadas con el consorcio CS1 lograron aumentar su peso seco aéreo en 38,23% en comparación con aquellas plantas expuestas a la sequía sin ningún tipo de protección inoculante. ● Optimización del estado nutricional: A pesar de las restricciones de riego, la interacción de estos microorganismos en la raíz potenció significativamente la absorción de macronutrientes esenciales, registrando alzas de 24,3% en Nitrógeno, 6,4% en Fósforo y 25,7% en Potasio, en comparación con el grupo de control estresado. Al respecto, el Dr. Cornejo explica que estos bioinoculantes “se están probando en condiciones reales de campo, en distintas variedades, suelos y zonas productivas. El avance hacia la innovación es un aspecto que igualmente involucra otros proyectos en los que participamos dentro de CEAF, por lo que el futuro cercano es auspicioso”. REPROGRAMACIÓN METABÓLICA Y BLINDAJE ANTIOXIDANTE El aspecto más vanguardista del estudio radica en su análisis de biomoléculas clave (análisis metabolómico), el cual reveló cómo el consorcio CS1 induce una respuesta adaptativa profunda a nivel molecular. Al colonizar el sistema radical de forma óptima, estos microorganismos activaron vías metabólicas clave en la planta, tales como el metabolismo del ácido alfa-linolénico y la biosíntesis de flavonoides. Esta activación desencadenó la acumulación controlada de compuestos protectores altamente especializados. Entre ellos destacan el 12-sulfoxijasmonato, fitohormona clave en la regulación del crecimiento bajo estrés; y la galocatequina-7-O-galato, un potente antioxidante encargado de neutralizar las especies reactivas de oxígeno que normalmente destruyen los tejidos vegetales durante las sequías prolongadas. Por el contrario, las plantas sin inocular o tratadas con consorcios no óptimos (como el CS2) fueron incapaces de coordinar esta respuesta química, sufriendo un deterioro metabólico severo. “Es importante destacar que no basta con mezclar microorganismos beneficiosos, ya que hemos demostrado que algunas combinaciones funcionan y otras no. Por eso hablamos de bioestimulantes de precisión, seleccionados para cultivos y problemas específicos”, detalla el Dr. Cornejo, agregando que “estos productos no reemplazan el agua ni el buen manejo del riego, pero pueden ayudar a que las plantas enfrenten mejor la sequía, produciendo con menos agua disponible”. IMPACTO ESTRATÉGICO PARA LA AGRICULTURA NACIONAL El éxito de esta tecnología de bioestimulantes de precisión cobra especial relevancia ante el avance del cambio climático y la escasez hídrica que afecta a las principales zonas agrícolas del país. En el caso del cultivo de la frutilla, las validaciones realizadas en este estudio y otros previos, han demostrado que el uso de estos consorcios microbianos específicos permite que las plantas mantengan su producción y mejoren significativamente su estado nutricional. De hecho, incluso se han logrado incrementos de 81,2% en el número de frutos y de 80% en la tasa fotosintética bajo condiciones de sequía severa (como lo concluyó también el Dr. Urley Adrián Pérez Moncada, experto de la Corporación Colombiana de Investigación Agropecuaria, Agrosavia, en su tesis doctoral). Estos resultados abren una ventana hacia el acondicionamiento biológico de cultivos esenciales, transformando la resiliencia celular en una herramienta clave para fomentar el rendimiento y la calidad comercial en escenarios de alta restricción hídrica. El científico concluye que “todavía faltan cifras nacionales que indiquen cuánto dinero pierde el sector, y en especial este cultivo, por efecto de la sequía. Sin embargo, sabemos que la falta de agua reduce el crecimiento de las plantas y la cantidad, tamaño y calidad de los frutos. Esto significa menos producción, mayores costos y menores ingresos para los agricultores”. GALERÍA FOTOGRÁFICA
- Ñache biotecnológico, salto cuántico de la ciencia alimentaria chilena
Investigación logró transformar este tradicional subproducto de la industria cárnica en tres bioingredientes destinados a aplicaciones específicas de alto valor nutritivo. Foto: Gentileza Comunicaciones PUCV. Equipo multidisciplinario de la Escuela de Alimentos y de la Escuela de Ingeniería Bioquímica de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (PUCV), desarrolló una plataforma capaz de transformar este subproducto de la industria cárnica en un ingrediente que revolucionará el mercado de aditivos y colorantes naturales. El continuo avance de la moderna industria alimentaria, tanto en Chile como en todo el mundo, está cada vez más unido al desarrollo exponencial de la ciencia y biotecnología de frontera. Esta enriquecedora simbiosis se ha traducido en innovaciones altamente disruptivas en materia de procesamiento y creación de materias primas e ingredientes capaces de optimizar exponencialmente la calidad, inocuidad y sostenibilidad de los alimentos que hoy demanda el mercado. Ejemplos abundan en todos los segmentos, como el trigo modificado por edición genómica, la carne cultivada, los cultivos resistentes al calor o la salinidad, y la producción de suplementos funcionales a partir de orujo de uva, entre otros diversos y meritorios casos de éxito recientes. CONOCIMIENTO ACADÉMICO DE FRONTERA En nuestro país, la academia ha sido protagonista central de este disruptivo y vertiginoso avance biotecnológico, generando valiosos procesos de I+D que se traducen en una nueva generación de alimentos e ingredientes de alto valor funcional y nutritivo, que prometen impulsar a Chile como la nueva gran potencia ecoalimentaria del siglo XXI. Uno de los desarrollos más recientes, innovadores y atractivos que ha generado esta valiosa fuente de conocimiento, proviene de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, y tiene la particularidad de generar, a partir de un solo elemento bautizado como Ñache Biotecnológico, tres ingredientes de alto valor agregado: un colorante natural, una proteína capaz de mejorar la textura de los alimentos y un compuesto con potencial antioxidante. Todo ello proviene, aunque parezca difícil de creer, de una fuente tan humilde como abundante en el mercado: la sangre de cerdo. Esa atractiva combinación de insumos funcionales de última generación fue lo que precisamente logró un equipo de investigadores de la Escuela de Alimentos y de la Escuela de Ingeniería Bioquímica de la citada casa de estudios superiores. Dicho éxito sin precedentes, se alcanzó gracias al desarrollo de Bloodref, plataforma tecnológica que permite valorizar este ubicuo subproducto de la industria cárnica, y transformarlo en tres ingredientes de alto valor, que tienen potenciales aplicaciones en la industria alimentaria y, a futuro, también en el ámbito farmacéutico. Los ingredientes derivados de la investigación realizada por el equipo multidisciplinario de la PUCV tienen aplicación tanto para la industria alimentaria como farmacéutica. Foto generada por MANUS IA. APLICACIONES TRANSVERSALES El primero de estos productos corresponde a un concentrado rico en hemoglobina que puede utilizarse como colorante natural para alimentos. Su desarrollo, según explican los expertos de la PUCV, se inserta en una de las tendencias más extendidas de la moderna industria alimentaria: la elaboración de ingredientes de origen natural y las formulaciones tipo clean label (etiqueta limpia), impulsadas por consumidores que buscan productos con ingredientes reconocibles y menos aditivos sintéticos. Es en este escenario, donde precisamente han cobrado relevancia las alternativas naturales frente a colorantes sintéticos como Ponceau 4R o Eritrosina, que en algunos mercados enfrentan restricciones regulatorias o sufren una percepción negativa por parte de la población. En cambio, el nuevo colorante desarrollado a partir del trabajo de los investigadores de la PUCV, podría utilizarse sin restricciones en la elaboración de salchichas, hamburguesas y alimentos para mascotas, lo que abre múltiples e interesantes opciones de escalamiento y consolidación, tanto en los mercados de Chile como del extranjero. El segundo ingrediente corresponde a una fracción proteica obtenida a partir del plasma de la sangre de cerdo. Para obtenerla, se somete al plasma a un proceso biotecnológico que combina hidrólisis enzimática y separación por membranas, permitiendo concentrar proteínas y fragmentos de mayor tamaño con propiedades espumantes y emulsionantes. Gracias a estas características, este ingrediente puede aportar estabilidad y texturas suaves y cremosas en productos como postres, mayonesas y otros aderezos. El tercer ingrediente corresponde a los fragmentos proteicos de menor tamaño (péptidos bioactivos), que en cultivos celulares demostraron reducir aproximadamente en 50% el estrés oxidativo en células sometidas a radicales libres, evidenciando su actividad biológica. Todo ello se traduce, consecuentemente, en una nueva generación de revolucionarios aditivos capaces de impulsar la producción de alimentos con mayor valor organoléptico y, al mismo tiempo, generosas propiedades funcionales. Es decir, una exitosa combinación de indulgencia y salud, que resulta especialmente atractiva para los consumidores modernos. AVANCE CUÁNTICO CON ORIGEN ANCESTRAL El nombre coloquial conque se conoce a este nuevo desarrollo científico, Ñache Biotecnológico, hace referencia a la tradicional preparación culinaria de origen mapuche que se elabora, precisamente, con sangre fresca de animal. Al respecto, el director del proyecto y director de la Escuela de Alimentos de la PUCV, Dr. Andrés Córdova, comenta que la elección de este nombre, radica en que se tomó un recurso que tradicionalmente se ha utilizado de una sola forma y, mediante biotecnología, se logró separar cada uno de sus componentes “para darles aplicaciones específicas y de mucho mayor valor”. Tal como se combinan los diferentes ingredientes del ñache autóctono. El investigador también destaca que uno de los principales éxitos de la investigación radica precisamente en la versatilidad de esta nueva materia prima. “No desarrollamos un producto; desarrollamos una plataforma tecnológica capaz de transformar un subproducto de bajo valor en distintos ingredientes especializados, dependiendo de las necesidades de la industria”, puntualiza el académico. De acuerdo con las estimaciones del equipo investigador, esta tecnología permitiría multiplicar hasta en 15 veces el valor económico actual de este subproducto. Dicha estimación considera el rendimiento del proceso desarrollado y el valor comercial potencial que tendrían, de manera conjunta, los tres ingredientes obtenidos (colorante natural, proteína funcional y compuesto bioactivo), en comparación con el precio actual de la sangre de cerdo como materia prima si se comercializa por sí sola (como hasta ahora sucede). ESCALAMIENTO DE AMPLIO ESPECTRO Los resultados obtenidos hasta ahora permiten avanzar hacia una nueva etapa de la investigación. En el caso de los péptidos bioactivos, el equipo logró comprobar su actividad antioxidante a nivel celular, abriendo una línea de estudio para determinar su potencial como ingrediente funcional. Sin embargo, estos resultados corresponden todavía a ensayos de laboratorio y no permiten establecer efectos en animales o personas. En este contexto, Alejandra Arancibia, investigadora postdoctoral de la Escuela de Ingeniería Bioquímica de la PUCV, explica que una parte fundamental de esta investigación fue evaluar el comportamiento del compuesto bioactivo directamente en células vivas, avanzando desde sus características químicas hacia la comprobación de su actividad biológica. “A través de cultivos celulares in vitro -comenta- podemos evaluar primero su capacidad tóxica, determinar dosis inocuas y posteriormente analizar su incidencia sobre procesos como el estrés oxidativo. Esto nos permite pasar de un compuesto químico con características antioxidantes medidas, a observar su capacidad antioxidante real en una célula viva”. A partir de esta evidencia, el desafío del equipo será continuar avanzando en las validaciones necesarias para determinar sus posibles aplicaciones comerciales, junto con el escalamiento piloto de la tecnología y el abordaje de los aspectos regulatorios necesarios para evaluar, junto a la industria, los usos específicos de los ingredientes obtenidos. De este modo, el sector privado tiene ahora la palabra y la oportunidad de sumarse a un proyecto que promete revolucionar por completo la industria de aditivos e ingredientes alimentarios, abriendo más campo para que nuevas investigaciones de frontera, transfieran conocimientos al ecosistema, tanto industrial como emprendedor, para impulsar con total energía el posicionamiento de Chile como la nueva gran potencia bio ecoalimentaria del siglo XXI. GALERÍA FOTOGRÁFICA
- NEXXO Maule 2026 conecta en Curicó a innovación y agroindustria
La iniciativa busca promover la participación activa y la conexión entre distintos actores del ecosistema innovador, con el objetivo de generar un impacto real en el desarrollo productivo del Maule. Fotografías generadas con Manus IA. Encuentro reunirá a expertos de Estados Unidos, Singapur y Corea del Sur junto a actores clave del ecosistema público-privado para impulsar la competitividad, la sostenibilidad y la adopción tecnológica en el territorio. Con el objetivo de consolidar puentes sólidos entre la academia, el sector privado y los organismos públicos, la Universidad Autónoma de Chile junto a la Universidad Católica del Maule (UCM) realizarán el inédito encuentro NEXXO Maule 2026. Este espacio estratégico de vinculación y transferencia tecnológica se llevará entre el 5 y 6 de agosto en Curicó, transformando a la provincia en el núcleo de la innovación aplicada con pertinencia territorial. El encuentro, que cuenta con el apoyo de Corfo, contará con una convocatoria amplia y representativa del ecosistema regional, promoviendo la participación activa y la conexión entre distintos actores con el foco puesto en generar un impacto real en el desarrollo productivo del Maule. Asimismo, la doble jornada destacará por una atractiva Feria Tecnológica, donde empresas e instituciones líderes participarán como sponsors y expositores, presentando soluciones de vanguardia y prototipos para la industria. NEXXO Maule 2026 está diseñado como un espacio transversal de articulación y está especialmente dirigido a emprendedores de la Región del Maule; startups y empresas en etapa de crecimiento; pymes del sector agroalimentario; empresas tractoras y actores del sector productivo; profesionales vinculados a la innovación y la tecnología; instituciones públicas y privadas del ecosistema; academia; centros de investigación y transferencia tecnológica; inversionistas y redes de apoyo al emprendimiento. CONFERENCISTAS INTERNACIONALES Uno de los mayores atractivos del encuentro será la participación de tres renombrados conferencistas de vasta trayectoria: La Dra. Rosemarie Santa (de Georgia Tech, Estados Unidos): Académica experta que aportará la visión norteamericana sobre el desarrollo científico y la investigación aplicada a gran escala. Jeremy Yap (Singapur): Representante de uno de los ecosistemas de innovación, logística y transferencia tecnológica más dinámicos y eficientes de Asia. El Dr. Won Ho Kim (Corea del Sur): Destacado especialista que compartirá la valiosa experiencia coreana en materia de desarrollo industrial, científico y tecnológico. Cada uno de ellos presentará las principales tendencias de desarrollo comercial y científico-tecnológico que destacan en la actualidad, así como los más destacados casos de éxito de algunas de las economías más innovadoras del mundo. DESAFÍOS PARA EL DESARROLLO REGIONAL El evento también abordará las principales tendencias y brechas del sector a través de conferencias y paneles especializados. Transformación digital del agro: Foco en la incorporación de Inteligencia Artificial (IA), Internet de las cosas (IoT), Big Data y automatización para optimizar la producción y mejorar la toma de decisiones, especialmente en pymes y cooperativas rurales. Innovación tecnológica en la agroindustria: Difusión de soluciones avanzadas aplicadas al rubro frutícola y agroexportador, acercando tecnologías concretas especialmente provenientes de Corea del Sur- al territorio. Vinculación y transferencia tecnológica: Modelos de colaboración exitosos y mecanismos de codesarrollo entre universidades, centros de investigación e industria. Sostenibilidad y economía circular: Estrategias orientadas a la valorización de residuos, uso eficiente de recursos hídricos, optimización de postcosecha y tecnologías limpias. Acceso a mercados y estándares internacionales: Herramientas prácticas para cumplir con certificaciones, normativas y exigencias globales de los mercados de mayor valor. Startups agtech y emprendimiento dinámico: Espacios de presentaciones y demostraciones tecnológicas para conectar soluciones escalables con inversionistas y empresas. Inclusión y liderazgo femenino en el agro: Una mirada de equidad de género para visibilizar las contribuciones de las mujeres en la innovación agroindustrial, el liderazgo de organizaciones y el desarrollo tecnológico en un sector históricamente masculinizado. Casos internacionales y aprendizaje global: Identificación de oportunidades de adaptación local basadas en modelos de ecosistemas avanzados de Asia y Europa. MESAS TEMÁTICAS ESTRATÉGICAS En paralelo a las ponencias principales, NEXXO también propiciará dinámicas de discusión técnica a través de cuatro mesas de trabajo integradas por actores clave: Mesa de Acción de Sostenibilidad (Agua): Espacio enfocado en la gestión eficiente del recurso hídrico que contará con la destacada participación de AGRYD (Asociación Nacional de Riego y Drenaje). Mesa de Tecnologías Emergentes: Panel dedicado a analizar la adopción y proyecciones de las herramientas digitales y la automatización en los procesos productivos actuales. Mesa de Innovación Universidad-Empresa: Debate sobre cómo la investigación aplicada generada en las aulas y laboratorios de la UCM responde a los requerimientos reales del sector socioproductivo. Mesa de Financiamiento: Instancia para conocer vías de apalancamiento de recursos y fondos concursables, con la presencia de representantes de Corfo, Sercotec, FIA e INDAP. Con la organización de este evento en Curicó, la Universidad Católica del Maule reafirma su compromiso con la vinculación con el medio bidireccional, configurando un espacio clave para conocer tendencias, generar redes de contacto de alto nivel, vincular la oferta y demanda de innovación, y fortalecer el ecosistema regional desde una mirada profundamente colaborativa. GALERÍA FOTOGRÁFICA
- Profesora Lee Meisel asumió como directora de INTA enfrentando nuevos desafíos
La directora Meisel se desempeñará durante el período 2026-2030, y será acompañada en la subdirección por la doctora María Luisa Garmendia. Fotos: Gentileza comunicaciones INTA y Rectoría Universidad de Chile. La gestión de la académica se inicia en período muy significativo, que se enmarca en la conmemoración de los 50 años del instituto, hecho que fue destacado por la nueva autoridad en su discurso durante la ceremonia de asunción realizada el lunes 27 de julio. Con una ceremonia realizada en el Teatro del Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos Dr. Fernando Mönckeberg Barros (INTA) de la Universidad de Chile, la profesora Lee Ann Meisel asumió como nueva directora de la entidad para el periodo 2026-2030. La gestión de la profesora Meisel se inicia en un momento especialmente significativo para el Instituto, en el marco de la conmemoración de sus 50 años de trayectoria, lo cual fue destacado por la académica, quien manifestó durante su discurso inaugural que “este aniversario nos invita a valorar el legado de quienes construyeron el INTA y también a pensar en el Instituto que Chile necesitará en las próximas décadas”. La directiva agregó que INTA nació de una visión integradora y que desde sus inicios su equipo académico e investigador entendió que los grandes desafíos del país no se resuelven desde una sola disciplina, pues, tal como en su momento expresó el doctor Fernando Mönckeberg (fundador y primer director de la entidad), “Los problemas que afectan a la sociedad son siempre complejos y multifactoriales”. “Esa convicción marcó la historia de INTA y contribuyó de manera decisiva a enfrentar la desnutrición infantil. Y no se trató solo del peso de los niños, sino de nutrirlos a tiempo y proteger su desarrollo cerebral. Así, el doctor Mönckeberg y su equipo le dieron un futuro a este país. El INTA se transformó, además, en referente nacional e internacional en nutrición, alimentos y salud pública”, destacó la nueva directora. OBJETIVOS ESTRATÉGICOS La profesora Lee Ann Meisel fue electa directora del INTA tras una segunda vuelta electoral que registró una participación del 97,18% del padrón académico, el martes 16 de junio de 2026. Obtuvo el 52,11% de las preferencias, equivalente a 29,375 votos ponderados, mientras que el profesor Miguel Arredondo alcanzó el 47,89%, con 27 votos ponderados. En la primera vuelta también participó el profesor Omar Porras. La directora Meisel será acompañada en la subdirección por la doctora María Luisa Garmendia. Duranta la ceremonia de asunción, Meisel comentó que los principales ejes que orientarán su gestión serán los siguientes: Avanzar hacia alimentos y sistemas alimentarios saludables y sostenibles. Responder al envejecimiento de la población promoviendo mejor calidad de vida. Enfrentar las enfermedades crónicas y otras condiciones nutricionales complejas. La directora también enfatizó que en este nuevo periodo se fortalecerán cuatro ámbitos: Investigación de excelencia y su proyección internacional. Formación y los postgrados. Innovación Capacidades especializadas de la institución. Al respecto, enfatizó que el conocimiento de INTA debe traducirse en resultados concretos, tales como políticas públicas bien fundadas, alimentos más saludables, procesos productivos más sostenibles, diagnósticos confiables, nuevas tecnologías y mejores oportunidades para las personas. Durante la ceremonia, la rectora de la Universidad de Chile, Alejandra Mizala, invistió a la profesora Lee Ann Meisel con la Medalla Andrés Bello, que la distingue como directora. En sus palabras, la Rectora Mizala agradeció al director saliente, profesor Francisco Pérez, “por su conducción y contribución al desarrollo del Instituto y de nuestra Universidad”. Asimismo, felicitó a la directora Meisel por su elección, destacando “el énfasis que su propuesta pone en la investigación, la internacionalización, el fortalecimiento de los postgrados, la innovación y la transferencia, la producción de evidencia para las políticas públicas y la construcción de una comunidad basada en el respeto, la colaboración y el cuidado de la calidad de vida de las personas”. La rectora también hizo hincapié en que “el cambio climático, la inseguridad alimentaria, el envejecimiento de la población y el aumento de las enfermedades crónicas nos recuerdan que el conocimiento más valioso es aquel que logra integrar perspectivas, articular capacidades y dialogar con las políticas públicas”. “Esa ha sido una de las principales fortalezas del INTA desde sus orígenes y constituye una base sólida para que el Instituto continúe ampliando su aporte al conocimiento y a las políticas públicas”, agregó. LOGROS TRASCENDENTES La directora Meisel sucedió al profesor Francisco Pérez Bravo, quien ejerció como director de INTA en dos períodos consecutivos entre 2018 y 2026. Durante la dirección del profesor Francisco Pérez Bravo, el INTA enfrentó desafíos de gran magnitud, como el estallido social y la pandemia de COVID-19, fortaleciendo su rol público y ampliando su aporte a la sociedad mediante una intensa labor de investigación, extensión y vinculación con el medio. En este periodo, se consolidó la Dirección de Investigación y Desarrollo mediante nuevos instrumentos de financiamiento interno. Además, en el área de posgrado, se creó el Doctorado en Envejecimiento y se realizó un importante mejoramiento de la infraestructura institucional para adaptar la docencia al formato híbrido. Asimismo, se acreditó el Comité de Ética ante la Seremi Metropolitana. También se fortaleció la Dirección de Extensión y Comunicaciones y se impulsaron importantes avances en la gestión institucional, entre ellos la creación de la Dirección de Igualdad de Género (DIGEN), la Comisión de Autoevaluación Institucional, el fortalecimiento de la Dirección Económica y Administrativa y la firma de un convenio de colaboración con el Departamento de Evaluación, Medición y Registro Educacional (DEMRE). Otro hito destacado fue la acreditación del Laboratorio Centro de Alimentos desde el año 2023 hasta el año 2028, entre otros logros. GALERÍA FOTOGRÁFICA
- ¿Cómo impulsar efectivamente la modernización del agro chileno?
Actualmente, el país solo riega 900,000 hectáreas (en comparación con las 1.3 millones de hectáreas que se regaban hace 20 años), y de esa cantidad, solo 500,000 hectáreas cuentan con riego tecnificado. Foto: Generada por ChatGPT IA. Para el presidente de la Sociedad Nacional de Agricultura, Antonio Walker, el sector debe incorporar más tecnología digital, biociencia y robótica, actualizar los paradigmas culturales y desarrollar nuevas estrategias de producción que se adapten a las externalidades negativas, como el cambio climático, sumando al ecosistema emprendedor y a los jóvenes talentos, si aspira a recuperar la competitividad internacional en el corto plazo. Chile ha sido definido, en innumerables ocasiones, como un gran laboratorio natural de alimentos para el futuro, gracias a la riqueza de su territorio y a la disponibilidad de recursos y materias primas que le permiten impulsar una auténtica revolución agroalimentaria biotecnológica y sostenible. Esto se traduce en la inmejorable oportunidad de impulsar más y mejores iniciativas I+D que permitan recuperar el impulso perdido en los últimos años y alcanzar estándares mayores estándares de calidad. Sin embargo, para que ello sea posible previamente es indispensable contar con herramientas y estrategias que permitan afrontar de manera exitosa el complejo y desafiante escenario actual, donde coexisten externalidades negativas de alto impacto, de carácter económico, político, ambiental y sociopolítico que, de uno u otro modo, han ralentizado el crecimiento del sector, restándole competitividad y eficiencia productiva. Así lo expuso el presidente de la Sociedad Nacional de Agricultura SNA, Antonio Walker, durante su participación en el seminario BioAgro Conecta, encuentro organizado por CER y EMBIO con el apoyo de CORFO, a través del programa Viraliza, con el objetivo de conectar a productores con tecnologías, startups e inversionistas para impulsar la modernización del agro chileno y la innovación, transformando los desafíos de la industria en mejores oportunidades de negocio, y visibilizando las soluciones biotecnológicas y tecnológicas que están transformando el campo hoy. Durante su intervención, Walker recordó que Chile hoy subutiliza su riqueza de suelos, pues aun cuando dispone de 75 millones en hectáreas con potencial de cultivo, solo 31 millones de esas hectáreas se emplean en el sector silvoagropecuario. “De ese grupo, 15 millones de hectáreas corresponden a bosque nativo; 8 millones a praderas naturales; 4 millones a formaciones xerófilas (plantas adaptadas a la escasez de agua); 2,3 millones a plantaciones forestales; y solo 1,8 millones son cultivos anuales y permanentes, que equivalen apenas el 2,4% de la superficie de Chile”, puntualizó el directivo. “Es decir -agregó-, Chile solo hace agricultura en el 2,4% de sus suelos, mientras que en la Comunidad Europea, por ejemplo, el promedio es de 33% de la superficie cultivada”. La reflexión del presidente de la SNA resulta aún más decidora e inquietante, si se comparan estas cifras con el extraordinario y meritorio de Países Bajos, uno de los países más pequeños de Europa y que hoy dispone de una superficie agrícola cercana a 2,4 millones de hectáreas. Es decir, tiene más hectárea sembradas o plantadas que Chile, pese a que su territorio total es unas 18 veces menor al de nuestro país (y con una proporción notable de terrenos que han sido ganados al mar). Esto permite que la agricultura neerlandesa tenga una enorme intensidad productiva que se traduce en más de USD 130.000 millones anuales en exportaciones, monto que posiciona a dicho país como el segundo exportador mundial de alimentos (y que es superior a todo el conjunto colocaciones internacionales de Chile, incluyendo productos silvoagropecuarios, minería, pesca y servicios). Dichas cifra demuestras la importancia estratégica de aumentar la productividad y la eficiencia del uso del suelo, en términos de abrir nuevas oportunidades de negocios. Objetivo que para el presidente de la SNA solo puede lograrse si el sector avanza con pasos realmente decididos a una mayor tecnificación, tal como en su momento lo hicieron otros países como Nueva Zelanda, Australia, Países Bajos e, incluso, Perú, cuyo sector agroindustrial crece hoy a pasos agigantados gracias al impulso de la tecnología, la biociencia y la revolución digital. Sin embargo, para que Chile también alcance esta meta, necesita “cambiar el chip”, derribar silos y transformar por completo los paradigmas técnicos, económicos y culturales que hoy le restan eficiencia y competitividad al sector, ralentizando su capacidad para adaptarse a un nuevo contexto de incertidumbre, restricciones y cambios constantes, que además está cada vez más influenciado por las tendencias de un mercado que quiere más alimentos de calidad, pero que también exige que esos alimentos sean más saludables, inocuos y amigables con el medioambiente. Durante su exposición en BioAgro Conecta 2026, Antonio Walker recalcó la necesidad de contar con herramientas tecnológicas que permitan al sector tomar mejores decisiones desde el punto de vista productivo y ambiental. OPTIMIZAR LOS RECURSOS HÍDRICOS Precisamente una de las brechas más complejas que hoy enfrenta el sector agroalimentario nacional es la reducción sostenida de los recursos hídricos. De acuerdo con el presidente de la SNA, este contexto se refleja en externalidades como, por ejemplo: Limitación de la superficie agrícola y reducción del riego. La expansión de la superficie agrícola en Chile está fuertemente limitada por la disponibilidad de agua. Actualmente, el país solo riega 900,000 hectáreas (en comparación con las 1.3 millones de hectáreas que se regaban hace 20 años), y de esa cantidad, solo 500,000 hectáreas cuentan con riego tecnificado. Incapacidad de recircular los recursos hídricos En Chile, 80% del agua se vierte al mar, por lo que es urgente aprovechar al menos un 20% de ese recurso que se pierde. Esto permitiría, tal como asegura el presidente de la SNA, duplicar la superficie agrícola del país. Crisis hídrica estructural y cambio climático El sector agrícola se enfrenta a una crisis hídrica estructural y a sequías muy prolongadas agravadas por el cambio climático. Como ejemplo, entre los años 2010 y 2026, Chile experimentó el ciclo más seco de los últimos 100 años, registrando hasta 90% menos de reserva de nieve antes de un reciente río atmosférico. Falta de inversión en infraestructura de riego: Chile ha dejado de construir grandes obras de riego, quedando rezagado frente a competidores como Perú. Para revertir este último riesgo, Antonio Walker enfatiza que el país hoy requiere una inversión hídrica muy importante que aborde los siguientes puntos: Retomar la construcción de 26 embalses que se encuentran en carpeta. Reimpulsar la construcción de plantas desaladoras. Implementar la infiltración de agua hídrica y el reúso de aguas servidas. Medidas que, sumadas a la ampliación de la disponibilidad de más y mejores sistemas de riego tecnificado en el campo permitirían no solo enfrentar el actual escenario de contingencia hídrica, sino también extender la capacidad del sector para producir más y mejores alimentos para un mercado que ya supera los ocho mil millones de habitantes y que precisamente requiere satisfacer dicha demanda. TECNOLOGIZACIÓN INTENSIVA Otro punto central dentro de la exposición de Antonio Walker, fue la necesidad de impulsar un salto exponencial dentro del paradigma productivo agroalimentario nacional, con el objetivo de disponer de herramientas que permitan, precisamente, tomar mejores decisiones desde el punto de vista comercial y ambiental. En tal sentido, el presidente de la SNA considera que la ciencia y la tecnología son indispensables para lograr una agricultura mucho más eficiente y productiva en un mercado global altamente competitivo. “De hecho, el crecimiento futuro del sector depende del aumento de la productividad, objetivo donde la tecnología y la innovación tienen un rol protagónico”, enfatiza. Walker precisa, asimismo, que herramientas como la agricultura de precisión, el riego inteligente, la mecanización, la robotización y el uso de drones (que se masificaron sustancialmente en Países Bajos en la última década), permiten mejorar la eficiencia en el uso de recursos limitados y escasos, así como reducir los costos de producción y elevar la calidad de los productos. “La incorporación de estas tecnologías avanzadas también ayuda a que la agricultura sea mucho más resiliente frente a los efectos del cambio climático, como las sequías y los fenómenos extremos que hemos vivido en el último tiempo”, agrega el directivo. Otra herramienta que el presidente de la SNA destacó especialmente durante su exposición en BioAgro Conecta, es el uso de la Biotecnología y el mejoramiento genético, “pues el desarrollo biotecnológico permite la introducción de nuevas variedades de cultivos que son resistentes a las sequías, plagas y enfermedades, evitando la pérdida de productividad frente a competidores internacionales”. En este punto citó como ejemplo el mejoramiento genético de la uva de mesa (especialmente la que se cultiva en la región de Maule), fruto que hoy tiene cerca de 71% de nuevas variedades desarrolladas genéticamente. “Pese a este y otros éxitos puntuales, todavía estamos atrás en esta materia respecto de otros países que avanzaron con más anticipación en el mejoramiento genético de sus cultivos, y que hoy cuentan con nuevas especies capaces de resistir sequías, plagas y enfermedades, factores que hoy más que nunca hacen que baje la productividad, y para los cuales no estamos ciento por ciento preparados”, detalló Walker, quien también recordó que la adopción de herramientas como inteligencia artificial, big data, digitalización y trazabilidad mediante cadenas de bloques (blockchain), es clave para que los productores puedan competir de mejor manera en todo el mundo. “Son avances fundamentales para enfrentar a potencias agrícolas de importancia creciente como Australia, Sudáfrica, Nueva Zelanda y Perú, que precisamente ha crecido en los últimos años gracias a sus inversiones tecnológicas y de infraestructura”, agregó el dirigente gremial. Todo este conjunto de mejoras, avances y desarrollos tecnológicos ofrecerían al sector agroalimentario nacional la posibilidad concreta de tomar decisiones basadas en el análisis de datos duros, “los cuales son indispensables para tomar acciones estratégicas eficientes y precisas en el campo”, puntualizó Walker. MEJORAR LA ADAPTABILIDAD Claro que los aportes de la tecnología no solo son valiosos para impulsar una auténtica cultura de mejora continua sectorial. También pueden ayudar a que el agro chileno sea más eficiente para adaptarse de manera ágil y directa a cualquier escenario de estrés hídrico o climático en general. Para Antonio Walker, este paso evolutivo también es imprescindible, pues el cambio climático impacta cada vez con mayor dureza la capacidad productiva del sector agrícola chileno, debido a las prolongadas sequías a la concentración de las lluvias en períodos relativamente breves y a la mayor ocurrencia de otros fenómenos extremos como heladas y olas de calor, entre otros. “Esto se traduce directamente en una mayor dificultad para producir alimentos, por lo que si la actividad agrícola no logra adaptarse al cambio climático, con eficiencia tecnológica y operativa, la producción de alimentos se verá gravemente dificultada”, agrega el presidente de la SNA. Los efectos de esta contingencia ya pueden advertirse hoy en día, pues la falta de cultivos resistentes a las sequías, plagas y nuevas enfermedades que surgen debido a la falta o exceso de agua, ya han provocado que Chile quede rezagado en cultivos tradicionales, disminuyendo su superficie de siembra de 800.000 a solo 470.000 hectáreas, lo cual impacta tanto en el flujo exportador como en el consumo interno, “tal como se vio con cultivos emblemáticos como el arándano o la remolacha”, recordó Walker. “Esto obliga al sector -añade- a acelerar la incorporación de tecnologías (como la agricultura de precisión y el riego inteligente) para mitigar los efectos del cambio climático y mejorar la resiliencia de los cultivos”. ABRIR MÁS Y MEJORES MERCADOS La suma de estas estrategias, permitirá que Chile produzca más y mejores alimentos, en línea con las tendencias de consumo actuales, lo que a la vez se traducirá en nuevas oportunidades para conquistar mercados emergentes que precisamente buscan calidad, funcionalidad y sostenibilidad. En tal sentido, Antonio Walker fue enfático para recalcar que Chile hoy no podemos depender solo de Estados Unidos, Europa y América Latina, “sino que debe afrontar el desafío de penetrar en el sudeste asiático donde hay 11 países con más de 700 millones de habitantes que constituyen un mercado exponencialmente atractivo. Además, debemos tratar de conquistar otras latitudes como Medio Oriente, norte de África, Argelia, Egipto y Marruecos, entre otros, y seguir abriendo más espacios en India”. Un trabajo que también requiere redoblar esfuerzos para reducir la brecha entre grandes y pequeños agricultores, de modo que el flujo exportador sea homogéneamente fuerte y creciente. Para ello, el presidente de la SNA estima que es fundamental impulsar sistemas de asociatividad en la pequeña agricultura, que permitan a este importante grupo de productores, que en muchos casos pertenecen al sector familiar-campesino, acceder con más equidad a las nuevas tecnologías. “En este contexto estamos promoviendo el cooperativismo como modelo de negocios, para que los pequeños agricultores también puedan producir, procesar y vender sus productos”, destaca Walker. El llamado entonces, es a que los jóvenes innovadores tecnológicos vuelvan sus ojos a la riqueza del campo chileno, que ayuden a modernizar la agricultura chilena para hacerla mucho más eficiente y poder competir en el mundo con mucho mayores herramientas, “que nos ayuden a tener un sector más competitivo, eficiente, resiliente y sostenible”. GALERÍA FOTOGRÁFICA
- Nueva generación de envases de cartón sin aluminio
Al retirar el aluminio, el envase aumenta su contenido de papel, reduce su huella de carbono y evita la generación de residuos que hoy son particularmente difíciles de reciclar. Fotos: Gentileza prensa SIG - LRM Comunicaciones. Fabricante SIG presentó avanzada tecnología que prescinde de este material y puede utilizarse en todas las categorías del segmento aséptico, logro que arriba al mercado en el momento preciso en que el nuevo Reglamento Europeo de Envases y Residuos de Envases (PPWR), presiona a los exportadores latinoamericanos para que avancen en la implementación de un packaging más sostenible y circular. Durante décadas, el aluminio fue pieza clave del cartón aséptico, pues era el material encargado de bloquear la luz y el oxígeno para que alimentos como jugos, leches y bebidas vegetales pudieran conservarse por meses sin necesidad de refrigeración. Por ello, eliminarlo sin perder esa protección fue, durante años, uno de los mayores desafíos técnicos de la industria del envasado, en especial tras la entrada en vigencia de nuevos marcos regulatorios tanto en Europa como en América. En este desafiante contexto, SIG (uno de los principales proveedores globales de sistemas de envasado aséptico), anunció el desarrollo de una solución que prescinde por completo del aluminio, y que puede cubrir todas las categorías de productos que la compañía atiende en este segmento. INNOVACIÓN DE FRONTERA El desarrollo de nuevos envases de cartón sin aluminio es muy significativo, pues se trata de un cambio radical de ingeniería que no solo optimiza la eficiencia sostenible de la industria, sino que también contribuye a potenciar el concepto de One Health (una salud), que hoy impulsa los nuevos desarrollos de la industria alimentaria. Uno de los impactos más beneficiosos radica en que, al retirar el aluminio, el envase aumenta su contenido de papel, reduce su huella de carbono y evita la generación de residuos de polialuminio que, hasta ahora, son particularmente difíciles de reciclar. A pesar de este cambio, la barrera protectora se mantiene intacta gracias a una diferente combinación de cartón y plástico, que permite conservar la misma vida útil, seguridad alimentaria y calidad que exige el mercado, sin depender de cadenas de frío. Según explica Fernanda Salas, gerenta de Marketing PACCE de SIG, eliminar el aluminio “es uno de los mayores desafíos tecnológicos del envasado aséptico, ya que históricamente ha sido el material responsable de proteger los productos frente al oxígeno y la luz”. La ejecutiva precisó que este avance permite mantener una barrera completa y una vida útil de hasta 12 meses de los alimentos, sin utilizar aluminio, al mismo tiempo que aumenta el contenido de papel del envase y reduce su huella de carbono. “Además, esta innovación puede implementarse en las líneas de llenado existentes con adaptaciones mínimas”, precisa. La solución actual es resultado de un proceso de innovación gradual. En 2017, SIG logró desarrollar la primera estructura sin aluminio, pero limitada a la leche blanca. A partir de entonces, la compañía continuó invirtiendo para llegar a una barrera capaz de responder a productos más sensibles, como jugos, leches, bebidas vegetales y bebidas nutricionales, todos ellos categorías que exigen altos niveles de protección. “No nos conformamos con una solución limitada a una sola categoría, sino que continuamos invirtiendo en innovación para alcanzar una barrera completa que pudiera responder a las exigencias de productos más sensibles. Gracias a ese esfuerzo hoy contamos con una solución sin aluminio con barrera total para todas las categorías que atendemos en el segmento aséptico, manteniendo la misma calidad, seguridad alimentaria y vida útil que exige el mercado”, recalca Salas. PRESIÓN REGULATORIA El anuncio de SIG llega en un momento en que la conversación sobre economía circular gana fuerza a nivel global, impulsada en particular por el nuevo Reglamento Europeo de Envases y Residuos de Envases (PPWR), que exige el uso de estructuras más simples, mayor circularidad y menor huella ambiental. Si bien se trata de una normativa europea, sus efectos ya se sienten en Latinoamérica, pues los exportadores de la región, incluido Chile, deberán adaptar a corto plazo los tipos de envases que utilizan, para cumplir con esta exigencia. De lo contrario, se arriesgan a perder competitividad y posicionamiento de mercado. En tal sentido, para Fernanda Salas, la norma PPWR refleja una tendencia global hacia envases con mayor circularidad, menor huella ambiental y estructuras más simples. “Para los exportadores de la región, esto significa que el envase será cada vez más un factor estratégico de competitividad y acceso a mercado. Por ello, en SIG creemos que innovaciones como los envases asépticos sin aluminio ayudan a nuestros clientes a prepararse para futuras exigencias regulatorias y responder a las expectativas crecientes de consumidores, retailers y autoridades. En otras palabras, más que reaccionar a los cambios, buscamos adelantarnos a ellos”, precisa la ejecutiva. Desde la compañía también recalcan que en Europa, la adopción de este tipo de soluciones ya es una realidad extendida, pues durante 2025, las soluciones SIG Terra representaron más del 10% de los alimentos envasados en cartones asépticos de la compañía en esa región, impulsadas por la regulación ambiental y las metas de descarbonización. En Latinoamérica, en cambio, esta adopción recién comienza, aunque con un interés creciente por parte de marcas que buscan reducir su impacto ambiental y anticiparse a exigencias que, tarde o temprano, también llegarán a la región. Según comenta Fernanda Salas, en Latinoamérica se ve un interés creciente por este tipo de innovaciones, y aunque su adopción aún está en una etapa más temprana, cada vez más marcas buscan soluciones que les permitan reducir su impacto ambiental y prepararse para las exigencias futuras del mercado. Por ende, se espera que esta transición sea también cada vez más relevante en la región. Con esta innovación, asimismo, SIG busca posicionarse un paso adelante de la regulación, ofreciendo a la industria de alimentos y bebidas una alternativa que combina seguridad alimentaria, sostenibilidad e implementación compatible con las líneas de llenado que ya operan los distintas empresas, tanto en Chile como en toda la región. Aporte para el futuro Con sede en Suiza y diversas oficinas en todo el mundo, SIG es actualmente uno de los proveedores internacionales más destacados en sistemas de envasado aséptico. Ofrece soluciones en cartón, Bag-in-Box y Spouted Pouch para la industria de alimentos y bebidas. Según recientes estadísticas, ocupa el primer lugar global en Bag-in-Box y el segundo en cartón y Spouted Pouch, con una facturación anual de €3.200 millones en 2025. Actualmente cuenta con más de 8.700 colaboradores de más de 100 nacionalidades y produce cerca de 54 mil millones de envases al año para más de 750 clientes en más de 100 países. Su principal lema de trabajo es el propósito “for better”, el cual plante avanzar hacia un futuro plenamente regenerativo a través de cuatro pilares esenciales: Clima+ Naturaleza+ Recursos+ Alimentos+ GALERÍA FOTOGRÁFICA
- NextGen Food Engineering disciplina clave para la eficiencia y sostenibilidad productiva
La ingeniería de alimentos requiere una transformación profunda de sus mallas curriculares, para que los futuros profesionales tengan más y mejores competencias y habilidades para impulsar el desarrollo de Chile como potencia ecoalimentaria. Con una clase magistral online dictada por el profesor Francisco Rossier, la Escuela de Alimentos de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, presentó oficialmente los principales ejes temáticos de su nuevo diplomado “NextGen Food Engineering”, que comienza el 10 de agosto. En la oportunidad se abordó la necesidad de brindar a las nuevas generaciones de profesionales, todas las competencias y habilidades digitales y biotecnológicas ya disponibles, de modo que se pueda transferir al ecosistema productivo y emprendedor nacional, las capacidades requeridas para reposicionar a nuestro país como auténtica potencia exportadora ecoalimentaria. Durante las últimas cuatro décadas, y especialmente desde finales del siglo pasado, Chile se ha esforzado para posicionarse como “potencia alimentaria” capaz de proveer al mundo de un gran abanico de alimentos de alta calidad. Si bien este esfuerzo ha experimentado diversos vaivenes, debido a las múltiples contingencias que afectaron el rendimiento del sector agroalimentario en los últimos años (incluyendo estrés climático, crisis económicas, conflictos sociales internos, guerras y alteraciones sociopolíticas internacionales), en general puede afirmarse que el objetivo se ha cumplido. Así lo demuestran la clasificación de la Organización Mundial del Comercio (OMC), y el listado de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y Agricultura (FAO) para exportaciones agroalimentarias, que ubican a nuestro país entre los 25 mayores exportadores de alimentos del mundo, con colocaciones cercanas a US$ 24.700 millones en 2025. De hecho, en el contexto regional latinoamericano, Chile ocupa el cuarto lugar entre las principales economías exportadoras de alimentos, solo superado por gigantes como Brasil, México y Argentina, que cuentan con capacidades productivas de gran escala en segmentos estratégicos del mercado mundial, como soja, carne, café, maíz y trigo, entre otros, donde nuestro país no tiene participación, o bien, solo cuenta con registros muy bajos (como la carne, por ejemplo). Esta desventaja ante los gigantes regionales se compensa con la capacidad nacional para entregar productos de alto valor agregado y por la gran diversificación de su oferta exportadora, lo que le permite a la agroindustria nacional, por ejemplo, distribuir alimentos a más de 170 países en los cinco continentes. Chile, asimismo, es hoy el principal exportador mundial de cerezas frescas, el segundo exportador mundial de salmón (después de Noruega), uno de los cinco mayores exportadores mundiales de vino y uno de los mayores exportadores de otros productos estratégicos, como uvas de mesa, arándanos, ciruelas, nueces y choritos (mejillones), entre otros. A ello se suma una creciente variedad de alimentos procesados de alto valor nutritivo, como pulpas y jugos, productos congelados y desarrollos biocientíficos aplicados a la producción de nuevas variedades de semillas, como la técnica de edición genómica CRISPR 9, que ya se utiliza para incrementar la cantidad de fibra en las harinas blancas. Sin embargo, esta relevancia parece perder presencia si se compara la realidad chilena con la del segundo exportador mundial de alimentos, que es actualmente Países Bajos, que con apenas 41.500 de km2 de superficie (un quinto de la superficie total de Chile), exporta cerca de USD 140.000 millones en productos agroalimentarios. Es decir, más de USD 30.000 millones más que todas las exportaciones de Chile (incluyendo a la gran minería del cobre). La clave de este éxito, que a primera vista parece inverosímil, radica en que Países Bajos ha desarrollado uno de los sistemas agroalimentarios más eficientes del planeta gracias a varios factores que incluyen, entre otros: Agricultura intensiva de muy alta tecnología. Amplio uso de invernaderos climatizados. Automatización, robótica e inteligencia artificial. Liderazgo mundial en genética vegetal y producción de semillas. Alta productividad por hectárea. Excelente infraestructura logística. Facilitación tanto las exportaciones nacionales como de las reexportaciones de productos procesados hacia otros mercados a través del puerto de Rotterdam (uno de los más grandes del mundo). La tecnología digital y automatizada es esencial para optimizar el uso de los recursos naturales, mejorar el uso de los suelos y ayudar a los productores a tomar mejores decisiones productivas estratégicas. MODELO A SEGUIR Esta evidente orientación hacia un mayor uso de las herramientas que hoy brinda la tecnología, sumadas a una auténtica vocación de perfeccionamiento y mejora continua, han dado frutos considerables, pues Países Bajos cuenta hoy con una superficie cercana a 2,2 millones de hectáreas cultivables (contra 1,8 millones de Chile), y una productividad estimada de USD 75.000 por hectárea (versus USD 11.000 de nuestro país). Objetivos que, para Países Bajos, se alcanzaron gracias a la decisión de impulsar una transición completa y decidida hacia un modelo de producción integrado, moderno y transversal, donde la revolución tecnológica se sumó al desarrollo biocientífico, y a la búsqueda de la eficiencia. Un camino que, tal como lo ha demostrado el ecosistema neerlandés, no solo depende del esfuerzo del sector privado o del aporte del Estado y los emprendedores, sino que también requiere el apoyo coordinado del sector académico, que hoy tiene la gran oportunidad de transferir formación y conocimiento avanzado a todos aquellos sectores que son capaces de convertirlo en soluciones de mercado viables y exitosas, tal como se ha hecho en Países Bajos, durante los últimos años. Este fue el eje central de la Master Class dictada por el Dr. Francisco Rossier, con motivo de la presentación del Diplomado “NextGen Food Engineering” que la Escuela de Alimentos de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso comenzará a dictar, en modalidad online, a partir del próximo 10 de agosto. COMPETENCIAS “DE NUEVA GENERACIÓN” En su presentación, el profesor Rossier abordó la necesidad de modernizar las mallas curriculares de las instituciones que hoy brindan la carrera de Ingeniería en Alimentos, para que esta disciplina, que lleva casi 100 años de existencia, se haga cargo del actual punto de inflexión que hoy enfrenta la industria, no solo en Chile sino también en todo el mundo.En tal sentido, el académico enfatizó que hoy la producción de alimentos requiere de profesionales más especializados y mucho mejor preparados para abordar los nuevos ejes conceptuales que impulsan el desarrollo de los “alimentos de nueva generación” que hoy demandan los mercados mundiales. Un aspecto clave en el competitivo mundo moderno y que, por ejemplo, el sector agroexportador de Países Bajos supo reconocer y capitalizar a tiempo, para posicionarse en el actual sitial de liderazgo que hoy detenta. “Este nuevo escenario nos enfrenta con cambios constantes en las tendencias de producción y consumo, donde ya no solo se piensa en la salud de las personas, por ejemplo, sino también de todo el medio ambiente y el planeta”, enfatizó el Dr. Rossier. El académico también puntualizó que esta evolución plantea cambios sustanciales en los paradigmas productivos, como el uso de nuevas materias primas naturales, en detrimento de las sintéticas, o el auge de la agricultura y la ganadería regenerativa, por ejemplo, así como también más transparencia hacia el consumidor y más personalización en el desarrollo de nuevos alimentos. En ese sentido, el profesor Rossier hizo hincapié en que el concepto de Ingeniería de Alimentos de Próxima Generación (o Next Generation Food Engineering), que da su nombre al diplomado dictado por la Escuela de Alimentos de la PUCV, nace precisamente de la necesidad de reorientar el desarrollo de la industria alimentaria, debido al impacto que han tenido en ella los siguientes factores: Crisis climática y límites al crecimiento: Cada vez es más innegable que las acciones humanas tiene gran responsabilidad en la actual crisis climática, y que los recursos naturales (como el agua) no son infinitos, por lo que debe optimizarse su uso a niveles exponenciales. Nuevas tecnologías: En los últimos años se ha consolidado un conjunto de tecnologías disruptivas orientadas a ser más exitosas y a la vez más respetuosas con el medio ambiente, como la inteligencia artificial, el internet de las cosas, la robótica y la analítica de datos, que permiten tener una agroindustria menos invasiva, más eficiente y sostenible. Evolución de la funcionalidad de los ingredientes: La necesidad de reemplazar múltiples ingredientes de origen químico en los alimentos procesados, por otros de origen directamente natural, y que aporten funcionalidad técnica además de los beneficios tradicionales para la salud, requiere modernizar los conocimientos biotecnológicos de los profesionales que lideran el desarrollo de nuevos alimentos. Sostenibilidad activa y regeneración: La actual conciencia del mercado plantea la necesidad de ir más allá de las simples acciones que "no dañen" al medio ambiente, lo cual exige, a su vez, mejorar las prácticas e introducir nuevas técnicas de cultivo y producción, como la ganadería y agricultura orgánico-regenerativa, entre otras. Exigencias del consumidor: La demanda creciente por mayor transparencia en los procesos y mayor personalización en la alimentación, exige derribar los antiguos silos de producción masiva para reemplazarlos por sistemas altamente especializados y diferenciados, de acuerdo con nichos de mercado cada vez más específicos. Nutrición personalizada y genética: El avance en el estudio del genoma y la genética individual, empieza a posicionarse como un elemento central en la forma en que nos alimentamos, lo que se traduce en la necesidad de cambiar por completo la formulación de alimentos y bebidas. Como consecuencia, hoy más que nunca se requiere de nuevos profesionales que ayuden, con su experticia, a orientar el desarrollo de la industria de alimentos, de modo que sea capaz de enfrentar este escenario y responder de manera ágil, oportuna, eficiente y sostenible a las nuevas exigencias planteadas por el propio mercado. El uso intensivo de invernaderos, como se hace en otros países, ayudaría a enfrentar de mejor forma eventos climáticos extremos como heladas y sequías, lo que mejoraría la seguridad alimentaria y la calidad de las exportaciones nacionales. IMPACTO EN LA PRODUCTIVIDAD NACIONAL El profesor Rossier también destacó que la nueva estrategia formativa, diseñada a partir del concepto NextGen Food Engineering, permitirá optimizar la producción nacional de alimentos de acuerdo con las necesidades globales y específicas del mercado mundial, tal como lo ha hecho Países Bajos en el último tiempo. En su opinión, esto generará un incremento significativo en la eficiencia general del sector agroalimentario y en la calidad de los productos alimentarios de Chile, tanto para exportación como para consumo interno, a través de los siguientes factores: Justificación de inversiones en tecnología: Chile es un mercado pequeño (de 18 a 20 millones de personas), lo que hace que para muchas empresas no sea viable económicamente realizar grandes inversiones para mejorar su tecnología, si el objetivo es solo apuntar al consumo interno. Por ende, abrirse a la posibilidad de conquistar nuevos mercados internacionales que exigen más inocuidad, funcionalidad, sostenibilidad y novedad, justifica plenamente las inversiones tecnológicas necesarias para reimpulsar al sector y mejorar su posicionamiento. Adopción de estándares exigentes: Las empresas que han logrado dar el salto y alcanzar los estándares de calidad modernos que demandan los consumidores actuales (como lo hicieron hace algún tiempo las empresas lácteas neerlandesas, por ejemplo), son precisamente aquellas que se orientan mejor a la exportación exitosa. Efecto de arrastre en el mercado interno: Al mejorar los procesos y productos para cumplir con las altas exigencias de los mercados internacionales, se genera un estándar de calidad superior que se traspasará al mercado local. Esto generará un beneficio directo en la calidad y disponibilidad de alimentos para el propio desarrollo de Chile. En otras palabras, incorporando los conocimientos, competencias y habilidades que requiere la “nueva generación de ingenieros en alimentos” será posible avanzar hacia el diseño e implementación de sistemas productivos modernos, tecnológicamente avanzados y operacionalmente capaces de adaptarse continuamente a los cambios del mercado internacional, reposicionando a Chile como un gran potencia ecoalimentaria, sostenible, exitosa y biológicamente preparada para nutrir de manera saludable, inocua y segura no solo a la población, sino también a todo el planeta (One Health). ACCIONES INTEGRALES Y TRASNVERSALES Para asegurar el logro exitoso de estos objetivos, es necesario aplicar una estrategia de desarrollo integral. Es decir, hoy la industria no puede aspirar a ser eficiente si solo trabaja en sus propias islas, apartada del entorno, y sin la voluntad de relacionarse activamente con los demás protagonistas del ecosistema. Esto implica, que la nueva generación de ingenieros en alimentos debe aplicar un integración tecnológica total en su trabajo diario. Es decir, debe convertir a las aplicaciones, algoritmos, desarrollos biocientíficos y equipamientos de última generación, en instrumentos esenciales y de uso diario para alcanzar las siguientes metas: Producción de más y mejores alimentos: Hay que unificar la tecnología de procesamiento sostenible, la transformación digital (con herramientas como el internet de las cosas, la robótica, el Big Data y la inteligencia artificial) y los desarrollos biotecnológicos (como la edición genómica), para optimizar la calidad y cantidad de los alimentos producidos. Superación de desafíos productivos y climáticos: Al integrar de manera transversal múltiples tecnologías que ya cuentan con un nivel de madurez suficiente (dejando de ser consideradas meramente "emergentes"), el sector puede aplicar soluciones concretas frente a desafíos complejos, como las crisis y variaciones climáticas. Convergencia como fuente de innovación: Se debe facilitar la intersección de tecnologías y disciplinas complementarias, para abrir oportunidades que intensifiquen la producción y actúen como el motor principal de la innovación actual en el sector. Transición hacia sistemas integrados: Hay que impulsar un cambio de paradigma urgente en la disciplina, para pasar de una visión de procesos aislados u operaciones unitarias en cadena, a la gestión de "sistemas alimentarios integrados" que incorporen activamente el trabajo en el campo y el laboratorio, para optimizar temas claves como la inocuidad preventiva, la sostenibilidad activa y la seguridad permanente, entre otros. Es decir, tal como plantea el profesor Rossier “la ingeniería de alimentos tiene que cambiar con urgencia su mirada y dejar atrás la concepción de que se trabaja en una colección de operaciones unitarias y aisladas”. “Por el contrario -agrega el académico-, la nueva generación exige trabar con sistemas alimentarios integrados que incorporan desde variables físicas del campo, hasta ingeniería digital y biogenética, entre muchas otras nuevas variables”.Rossier recalca que también hay que tecnificar la agricultura nacional, pues estamos muy atrasados respecto de las grandes potencias alimentarias, como Países Bajos, que ya utilizan sistemas masivos de invernadero, donde todos los cultivos están protegidos del impacto climático (sequías o heladas). “Pensemos solamente en el impacto de la robótica para mejorar el riego, o de la biotecnología para lograr que los cultivos sean más resistentes a terrenos salinos o a la falta de agua, entre otras múltiples tecnologías que ya están disponibles y se utilizan con éxito en otras latitudes”, comenta Rossier, agregando que “la nueva ingeniería de alimentos se construye sobre la base de la integración y la transversalidad, de múltiples tecnologías que tienen un nivel de madurez suficiente para comenzar a aplicarlas en forma masiva y superar los actuales desafíos del sector”. El académico concluyó su exposición, manifestando la necesidad de superar la conducta clásica de “esperar que alguien más pruebe las tecnologías, para comprobar si son exitosas”. Un cambio de paradigma cultural que, a su juicio, lleva a replantear la importancia del rol de las instituciones académicas como entidades que expongan la importancia que tienen estas nuevas tecnologías y su potencial para ayudar a que los protagonistas del ecosistema agroalimentario tomen mejores decisiones que finalmente, no solo beneficiarán a todo el sector productivo, sino también a toda la economía nacional. GALERÍA FOTOGRÁFICA
- Hambre en Chile una realidad que no podemos ignorar
"Asociarse a una causa como la lucha contra el hambre no es solo filantropía: es construir una mejor sociedad, es una inversión en nuestro país, en su gente y en nuestro propio futuro". Foto: Gentileza Allpress. "El hambre en Chile no es solo una estadística fría. Según un estudio reciente que encargamos a Cadem, es una herida abierta en la sociedad: el 77% de los encuestados considera que el hambre y la falta de acceso a alimentos es un problema urgente o muy urgente". Por Carlos Ingham Fundador de Red de Alimentos En un país donde más de 700.000 personas sufren hambre severa, no podemos darnos el lujo de cerrar los ojos. El hambre está presente en muchos hogares, detrás de puertas cerradas, lejos de las cámaras y los titulares. La FAO 2025 no solo confirma esa cifra, sino que nos advierte que puede ser aún mayor si no actuamos con urgencia. Y esa cifra es apenas la punta del problema. En Chile, más de 3.400.000 personas viven en situación de pobreza y más de 1.300.000 en pobreza extrema (CASEN 2024). Una de cada tres personas mayores está en riesgo de desnutrición (INTA 2024). Y dos de cada cinco personas en el país no pueden costear una alimentación sana (FAO 2025). Detrás de cada número hay un rostro: muchas veces, el de una persona mayor que vivió toda una vida trabajando y hoy enfrenta la vejez sin lo mínimo asegurado, o el de un niño o niña que no recibe la alimentación que su desarrollo necesita. El hambre en Chile no es solo una estadística fría. Según un estudio reciente que encargamos a Cadem, es una herida abierta en la sociedad: el 77% de los encuestados considera que el hambre y la falta de acceso a alimentos es un problema urgente o muy urgente. Por lo tanto, es una demanda que trasciende partidos, edades y estratos sociales. Es hora de tomar posición: el hambre no puede seguir siendo invisible. La pregunta que nos hacemos ahora es si estamos dispuestos a escucharla, tomarla en serio y actuar en consecuencia. Lo más alentador es que existe un consenso claro. En ese mismo estudio, el 85% está convencido de que, con voluntad política y social, podemos erradicar el hambre en nuestro país. Ese consenso transversal, que une a hombres y mujeres, jóvenes y adultos, nos muestra que no se trata de una utopía, sino de una meta alcanzable si decidimos priorizar lo que realmente importa. Pero no basta con reconocer el problema. La acción también construye confianza: el 88% cree que una empresa que apoya activamente causas sociales mejora su percepción. Por ende, asociarse a una causa como la lucha contra el hambre no es solo filantropía: es construir una mejor sociedad, es una inversión en nuestro país, en su gente y en nuestro propio futuro. En Red de Alimentos llevamos 15 años demostrando que esta meta es posible. Hemos rescatado más de 107 millones de kilos de alimentos que iban a perderse y los hemos transformado en acceso digno para quienes más lo necesitan, evitando además la emisión de miles de toneladas de CO2. Sabemos que el hambre y el desperdicio de alimentos son dos caras del mismo problema, y que pueden resolverse juntos. Pero no podemos hacerlo solos. Hoy más que nunca, necesitamos unir voluntades. La realidad nos llama a dejar de mirar hacia otro lado y a comprometernos con soluciones concretas, porque el hambre es una responsabilidad de todos. Es hora de actuar con empatía y decisión. Solo así podremos transformar esa realidad silenciosa en una historia de esperanza y de cambio real. Por un Chile sin Hambre, actuemos en red. GALERÍA FOTOGRÁFICA

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